sábado, 19 de noviembre de 2011

¡Puta... a mucha honra!

El pasado sábado 12 de noviembre se realizó, como parte de una convocatoria mundial, la famosa marcha de las Putas. Las mujeres, que aclaraban en todo momento no pertenecer, ni apoyar –o rechazar –a las trabajadoras sexuales, aprovecharon esta convocatoria para analizar su situación. En el conversatorio celebrado un día antes de la marcha, se tocaron temas que trataban de resolver el eterno conflicto entre varones y mujeres ¿Es la mujer objeto del machismo? ¿Está condenada a un abuso que parece perpetuo? ¿Qué medidas debe de tomar para lograr que se la considere y se la respete en la sociedad? Las respuestas fueron muchas y variadas; el compromiso, como siempre, nulo. Este artículo trata de resumir, entender y criticar una situación ajena pero importante para su autor.

Federico Engels –filósofo, comunista y amigo entrañable de Carlos Marx –sostenía que el fracaso más grande de la humanidad ha sido la pérdida de la potestad que la mujer tenía sobre sus crías. En las antiguas organizaciones, la hembra era la dirigente del colectivo y responsable de su descendencia: siendo parientes directos de los animales mamíferos, la humana era la encargada de reproducir su especie, dar cobijo y sustento a sus crías, alimentarlas, seleccionar a las crías más fuertes y prepararlas para las inclemencias del mundo.

Su verdadero instinto –perdido hace aproximadamente 20 millones de años –le permitía ser más objetiva y menos tierna en las decisiones del día a día, obedeciendo, como asunto principal, a su descendencia: si el ambiente no era propicio para reproducirse, abortaba sin consulta previa ni culpa post traumática; si las crías no servían, las dejaba morir para no desperdiciar alimento que sí merecían los más fuertes y, si el macho aparecía de vez en cuando, era simplemente para copular.

Con la llegada de la conciencia y la huida del instinto, la especie humana cambió sus relaciones sociales, acomplejándolas absurdamente y descubriendo el sentido de la propiedad. El macho, al enterarse que tenía algo que ver en ese novedoso asunto llamado reproducción, comenzó a reclamar como suya la cuestión que, según él, había creado: “Si la semilla depositada es mía, lo que salga de ella me pertenece. Si la semilla –que es mía –la deposito dentro de ti, pues tú también me perteneces. Por lo tanto, desde ahora dejarás de ser hembra y te convertirás MI hembra”, habrá proclamado el primer civilizado.

Desde ese momento, en adelante, la humanidad se fue al carajo, porque, con el concepto de pertenencia, llegaron también los de disposición y abuso: para el macho humano, su hembra hacía parte de su riqueza, dispuesta a sus antojos, sin consulta previa ni derecho a reclamo.

Esta autoalienación humana, ha sido reconocida de distintas maneras porque, mientras que el macho, representante del género poseedor, se ha sentido a sus anchas confirmando su condición, pues en ella está su propio poder, la mujer, por el contrario, se siente aniquilada, pues reconoce en la alienación su impotencia y la realidad de una existencia inhumana.

Sin embargo, reconocer su condición de aplastada, no ha sido suficiente para que la mujer destruya las relaciones de propiedad que el varón tiene sobre ella, ni que se garantice una vida sin abusos, porque, a pesar de que el sentido de pertenencia, a lo largo de su desarrollo, marcha hacia su destrucción, éste busca artificios para perpetuarse, maquillarse y renacer de entre sus cenizas.

En el Perú, ahora transformado en marca –a propósito de la alienación –, las mujeres aún no se han enterado de éste suceso. El opio del romanticismo ha calado tan profundo en ellas que, pese a vivir en el siglo XXI y tener como referencia histórica grandes cambios a lo largo y ancho del mundo, aún viven en una burbuja de tolerancia, justificación y anhelo del abuso que produce en ellas la propiedad privada del macho.

Reconocer que la libertad económica, política y sexual son derechos y como tales, se conquistan, hoy parece una blasfemia. La conquista de la mujer no parte del macho, ni de las instituciones creadas por él, sino de ella misma, el género sometido. Es ella la que tiene el rol histórico de subvertir las relaciones de propiedad que el varón ha implantado en la sociedad que ha inventado. Es ella la obligada a destruir esta sociedad y su aplastante moral. Es la mujer, como clase sometida, la que debe suprimir, sin tregua ni contemplaciones, su condición de débil y abusada, de forjar una nueva sociedad en la que varones y mujeres sean reconocidos como especie, sin división alguna.

Pero llegar a ese nivel de consciencia implica un enjuague de grandes dosis de moralismo burgués y egoísta, de ser objetivas y reconocer su realidad para poder cambiarla; sobre todo, de querer hacerlo sin titubeos ni medias tintas ¿Cómo podrá, la mujer peruana, cambiar su condición de sometida, si ataca las iniciativas de liberación de las de su género con insultos inventados por los machos? ¿Cómo se espera que tome consciencia, si cuando le inventan un Ministerio de la Mujer y el Niño, lejos de rebelarse con justificada violencia, acepta con alegría que la traten de estúpida y débil, arrinconada de sus responsabilidades y dándole la potestad a los otros para que las emprendan? ¿Qué se puede esperar de estos seres que reclaman amor meloso y pisan su realidad como si se tratara de cáscaras de huevos? ¿Es posible que cambien su condición de sometidas, si ni si quiera les da la gana de ser dueñas de su cuerpo; por el contrario, lo regalan en bandeja de plata a un dios macho, al padre y al marido para que hagan de ellas según su voluntad?

Las revoluciones, cuando se hacen, resultan de un proceso de conocimiento de la realidad, pero sobre todo de mucha solidaridad entre los semejantes. Los cambios históricos no se hacen de manera trepadora y tranzando individualmente con el opresor, sino con una verdadera unión y con muchísima fuerza. Sólo así, quizá, la palabra Puta empiece a ser considerada como sinónimo de revolucionaria y muchas bocas hembras empiecen a gritarla sin temor a ser señaladas por sus semejantes; por el contrario, con la esperanza de remecer a quienes, por tanto tiempo, las han amordazado.

viernes, 8 de abril de 2011

ORGANIZACIONES DE IZQUIERDA NOS PRONUNICIAMOS

Ante los hechos ocurridos el 04, 05, 06 y 07 de abril de 2011 en la ciudad de Mollendo, capital de la provincia de Islay, región Arequipa, donde los pobladores organizados del Valle de Tambo, han planteado su rechazo a la instauración del proyecto Tía María de la minera Southern Perú, sosteniendo que quieren continuar con la agricultura, manifestamos lo siguiente:

Condenamos, la actitud del Estado Peruano, quien en la necedad de favorecer a la minera Southern, está violando la Constitución Política del Perú, en su artículo 89º reconoce la existencia legal y como personas jurídicas de las Comunidades Campesinas y Nativas, refiriendo: “Son autónomas en su organización, en el trabajo comunal y en el uso y la libre disposición de sus tierras, así como en lo económico y administrativo, dentro del marco que la ley establece. La propiedad de sus tierras es imprescriptible…”, por lo que tienen pleno derecho a ser informados sobre los proyectos productivos que el Estado destina a sus tierras, y a decidir sobre ellas; en este caso siendo el Valle de Tambo una zona agrícola, habitada por comuneros campesinos, se debió respetar su decisión sobre sus tierras, cosa que se pasó por alto, negándose a escucharlos e imponiendo la decisión del gobierno.

Rechazamos, que el modelo económico neoliberal adoptado por el gobierno aprista, una vez más implique la criminalización de la protesta, haciendo uso de prácticas represivas y contra los derechos humanos que ejercen las fuerzas armadas, quienes cumplen las órdenes dadas por las cabezas del Estado. Resistimos, al sistema económico actual –capitalista- que genera la concentración de las riquezas en determinados sectores, aumentando las desigualdades y la exclusión, violentando los derechos de todas y todos los peruanos y que deteriora el medio ambiente. Un modelo económico administrado por el gobierno aprista, que facilitó la concesión minera a Southern Perú.

Lamentamos, la pérdida de los hermanos Aurelio Huacarpoma, Andrés Taype, Néstor Cerezo, quienes defendiendo sus tierras murieron por la violencia ejercida por el Estado a través de las FFAA. Asimismo, repudiamos el atentado contra la vida de los pobladores del Valle del Tambo durante la represión. Lamentamos que el pueblo arequipeño debe afrontar la necedad del gobierno aprista de favorecer a intereses económicos, antes que respetar la vida. Recordamos, que lo que debe primar en todo gobierno, es el respeto a la vida de manera individual y colectiva, por eso mismo. Un mecanismo para evitar estos conflictos es que se apruebe de inmediato la Ley de Consulta Previa que haga vinculante la decisión de cualquier población sobre el modelo de desarrollo de sus tierras.

¡Basta de muertes por no consultar a los pueblos!
¡Cancelación inmediata del Proyecto Tía María!
¡Cancelación de los proyectos de devastación minera que amenazan la agricultura!

Como colectivos de izquierda firmamos:

Acción Crítica (Lima)
CEPEDEH – Comunidad Estudiantil Pro Ecologismo y Derechos Humanos (Trujillo)
Colectivo SUR (Arequipa)
Colectivo Nugkui (Lima)
Idea Acción (Tacna)
Movimiento por el Poder Popular – MPP (Lima)

martes, 5 de abril de 2011

ANDRÉS TAIPE, MÁRTIR DE LA LUCHA POR LA VIDA EN ISLAY



lunes 4 de abril de 2011.- El Colectivo SUR expresa su profundo dolor por el cobarde asesinato del joven luchador Andrés Taipe, de 22 años, quién cayó abatido durante las justas protestas de los pobladores del Valle de Tambo en contra de la instalación del proyecto minero Tía María, impulsado por la nefasta Southern Perú Cooper Corporation. Hacemos nuestro el inmenso pesar de la familia y amigos de este joven mártir que le ha entregado su vida a la lucha solidaria de su pueblo por defender el agro, el agua y la vida.

Repudiamos una vez más la obsesión represiva del gobierno de Alan García, que más temprano que tarde deberá responder por sus numerosos crímenes. Exigimos la expulsión inmediata de la empresa Southern del Valle de Tambo y la cancelación de los proyectos de devastación minera que amenazan la agricultura y el empleo de los miles de pobladores que desde siempre han trabajado la tierra.

Que el sacrificio heroico de Andrés Taipe, por quien hoy respetuosamente inclinamos nuestras banderas, no sea en vano. Que el dolor y la indignación que su terrible asesinato nos provoca, sirvan de aliento para derrotar de una vez por todas, con la razón y la fuerza del pueblo, la amenaza de Southern y el gobierno aprista.

¡Gloria eterna al compañero Andrés Taipe, mártir del pueblo de Islay!
¡Southern asesina, fuera de Arequipa!
¡Agro sí, mina no!

Arequipa, 04 de abril de 2011

www.colectivosurarequipa.blogspot.com

sábado, 2 de abril de 2011

Las Las y los Los

La alegría de la verdad,
la pena del pasado,
las ansias del futuro,
la soberbia de la razón.

La acumulación de la estupidez,
la ignorancia arrogante,
el dolor de la incomprensión,
el aburrimiento de la mediocridad.

La fantasía de la realidad,
la objetividad de los sueños,
la violencia del silencio,
la paz del ruido.

Las palabras desarticuladas,
las legitimidades censuradas,
las acciones pendientes,
los abusos condecorados.

Todo eso fue hoy,
todo no será mañana.
Todo frena y construye,
todo contradice y cambia.

sábado, 26 de marzo de 2011

Razones Fundamentales

Ingresé al torbellino de luchas, victorias, alegrías y penas de mi pueblo de manera descarriada. En ese momento estaba desesperado por cambiar el mundo que me ha tocado existir: un mundo saturado de individuos inconscientes, desmemoriados, sin ideologías, con un fuerte desamor hacia sus semejantes y el entorno que los rodea. Por esos años, tomaba cada propuesta que se me presentaba como si fuera el arma perfecta para acabar con los que había tildado mis enemigos, que eran los que asumí enemigos de mi pueblo.

El periodo en el que fui universitario –época en la que esclarecí mis ideas y definí mis acciones –fue un momento particular en un mundo que agoniza entre sus escombros. Un paquete de cuatro años consecutivos trajo consigo la memoria de sucesos que cambiaron el curso de la humanidad, siendo particularmente acogidos y realizados por veinteañeros como yo.

Algunos de estos hechos fueron la muerte del Che Guevara, la revuelta estudiantil de mayo del 68, la matanza de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en México, Woodstock, el triunfo de la Revolución Cubana, la Reforma Agraria, el ascenso de la Unidad Popular, entre otros. Era lógico, entonces, que si estos sucesos agitaban mi corazón, me uniera a las filas de revoltosos que ansían nuevas alternativas de vida, distintas a la que insolentemente se nos han impuesto.

Paralelo a ello, durante esta época, en el país ocurrieron hechos que confirmaron lo que en el pasado y en los libros había encontrado. El 28 de abril del 2007, el Tribunal Constitucional lanzó los decretos 982, 983, 988 y 989 que criminalizan la protesta social bajo el argumento de pandillaje pernicioso, secuestro agravado y apología al terrorismo. Esta ley trajo consigo un baño de sangre de víctimas, cuyo único delito fue denunciar el abuso, olvido y la subordinación al que fueron sometidos. Además, estos crímenes, ejecutados por policías y militares, evidenciaron el deseo de “limpieza” por parte del Estado para cumplir su deseo de mostrar el rostro de un pueblo condescendiente a ceremonias bataclanas, como la CADE y la APEC.

Considerando estos hechos ¿cómo era posible que, mientras contemporáneos míos como Jonathan Condori eran despiadadamente asesinados por un ejército al servicio de un gobierno traidor, corrupto y criminal, en las aulas de mi universidad los jóvenes tuviéramos nuestras cabezas en asuntos banales, como la diversión adormecedora, el consumismo alienante o los problemas triviales del hogar? ¿Qué se creían nuestros representantes, que su cargo era un contrato que los hacía dueños de nuestras tierras y de nuestras vidas, manejándolas a su antojo? ¿Era admisible, acaso, que ese mismo gobierno recibiese descaradamente a George Bush, el líder de la república genocida en todo el mundo, la misma que en los años 60 trató de sofocar a heroicos pueblos como Vietnam del Norte y Cuba por medio del Napalm y el bloqueo económico y que, en el periodo que pisó nuestras tierras, estuviera en plena guerra contra otro pueblo (Irac), guerra que él mismo había montado para saciar sus deseos mercantilistas? ¿Qué esperaba el señor Alan García, que lejos de levantar nuestra voz de rechazo y protesta, callaríamos sonrientes y de rodillas?

No se podía estar de acuerdo con semejante barbarie. No aceptábamos estos hechos y no se los perdonábamos a los responsables; menos, la actitud de quienes sabiendo la magnitud de las consecuencias, hacían de cuenta que nada ocurría o peor aún, que no dañaban. El abuso y la hipocresía fue el combustible que encendió pequeñas llamas en una pradera de ignorancia, miedo y desinformación.

Pero la furia y las acciones, como todo en la vida, fueron progresivas, de menos a más. Al principio me limitaba a escuchar las grandes hazañas de unos pocos maestros que lograron sembrar la semilla de la revolución: gente valiosa, cuyo único deseo es ser testigos de un despertar juvenil. Gracias a ellos, poco a poco utilizaba las propuestas que tenía a mi alcance para descargar estos sentimientos que estaban dentro de mí y que son legítimamente vigentes.

Una de las primeras tribunas fue la revista Día 30, un proyecto nacido en mi facultad que, de no haberse frenado ante el silenciamiento de los poderosos ni haberse corrompido en sus objetivos y temas, hubiese sido, tal vez, una verdadera tribuna revolucionaria manejada por los jóvenes y dirigida hacia las juventudes.

En ese espacio, por talento o necedad, lograba esquivar las banalidades de mis comisiones y ser insistente en las cuestiones que creo importantes: definir nuestra identidad de pueblo y clase, denunciar los horrores que había descubierto, sembrar una propuesta –que no era otra cosa más que unidad y lucha –e incentivar a realizarla.

Paralelo a ello, durante esta turbulencia, nace también Runakuna, un espacio que formé impresionado por Quilapayún, Víctor Jara, Inti Illimani, Violeta Parra, Rolando Alarcón, Illapu Silvio Rodríguez, Atahualpa Yupanqui, Carlos Puebla, Chico Buarque, entre muchos, que utilizaron al arte y, particularmente al canto popular, como un arma de lucha, unidad, cambio y revolución.

Los tiempos avanzaron y el camino se fue ampliando: las experiencias y verdades recogidas en las esparragueras gracias a los trabajos de verano, nuevas compañeras y compañeros que me hicieron entender la amplitud y la diversidad del mundo y, las alternativas sembradas por el arte, dilataron el camino de reforma y afianzaron mi horizonte. La suerte estaba echada y no había otra alternativa: era cuestión de tiempo y un último empujón para que todo fluyera en coherencia a lo que se estaba gestando. Este fue el preámbulo que dio origen a lo que más adelante sería la Comunidad Estudiantil Pro Ecologismo y Derechos Humanos, CEPEDEH.

Luego de haber participado en la protesta contra el alza de los pasajes de transporte público que los estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo habían organizado, llegó el famoso 5 de junio sangriento, el “Baguazo”. Para ese momento, varios estudiantes ya conocíamos el atropello del Estado dominado por el partido aprista y el neoliberalismo, no sólo a través de los diarios, sino también en carne propia. En una hazaña que se organizó en repudio a la llegada de George Bush, unos compañeros fueron injustamente arrestados en medio de la noche por el Servicio de Inteligencia Nacional y acusados por la prensa fascista de terroristas y pandilleros. De igual forma, otro compañero fue brutalmente golpeado por el mismo organismo en un acto de solidaridad con los sindicalistas azucareros y, durante el proceso que dio origen al 5 de junio, varios compañeros, tanto bagüinos como trujillanos, estuvieron al tanto de la situación y alertando sus consecuencias a los estudiantes.

Del ideal a la acción, de la acción al fracaso

El día 5 de junio, a las 9pm aproximadamente, un noticiero había informado los crímenes ocurridos en Bagua. La prensa oficial, sirvienta del sistema, dio a entender que los responsables de aquel suceso eran los indígenas que, según ellos, en un acto “terrorista”, se habían opuesto al “desarrollo” del país. En ese momento, un muchacho de mi facultad me comunicó que habría una reunión a primera hora del día siguiente para manifestar nuestra solidaridad.

Era frío y oscuro aquel sábado en el que un puñado de jóvenes nos reunimos en la casa de unos compañeros de Bagua para saber, a viva voz, lo que verdaderamente estaba ocurriendo. Después de llegar a unos acuerdos, salimos decididos a denunciar abiertamente la masacre de la que ya todos estábamos enterados.

Al principio, denunciábamos los crímenes casi a ciegas, recopilando una que otra noticia, enlazándola con la información pasada e invitando a los transeúntes a sacar sus propias conclusiones. No dudamos un momento en alzarnos y revelar los horrores ocurridos: de calle en calle, conversábamos con jóvenes y les explicábamos lo que estaba ocurriendo para invitarlos a solidarizarse con las víctimas de los crímenes realizados por el APRA.

Todo ello iba teniendo cierta reciprocidad, pero sabíamos que no bastaba la solidaridad y la intención: era necesario saltar de lo subjetivo a lo real, ser portavoces de lo ocurrido y narradores de los hechos para que a través de la lógica, naciera la acción solidaria como respuesta consecuente a la ética y la conciencia individual.

Bajo ese criterio, hicimos una especie de periodismo callejero y descubrimos cosas que hasta el momento eran increíbles para nosotros, asumiéndolas como imposibles en nuestro espacio y tiempo: los crímenes ocurridos en Bagua eran más graves de lo que pensábamos… cuerpos agrietados por balas militares, la DINOES a cargo del operativo, cadáveres desaparecidos, estado de sitio en la zona, policías degollados y un ejército confundido que fue a enfrentar a sus hermanos por S/. 6.50; era como vivir una película de Costa Gavras a cada momento.

Pero increíble fue también la reacción de los estudiantes y algunos profesores. Los espacios que utilizamos para las asambleas que salían del momento eran llenados por jóvenes que participaban de lo que nosotros explicábamos y sustentábamos a través de las llamadas telefónicas que recibíamos o de los videos que encontrábamos. Además, con cada asamblea realizada, el puñado de jóvenes que iniciamos esta movida, fue convirtiéndose en un cordón de compañeras y compañeros que se unieron a todo el proceso de organización y difusión.

Durante esa semana, había un equipo que apoyaba en todo: estaban los compañeros que se pasaban horas de horas investigando en internet, recopilando información, descubriendo que el mundo entero denunciaba esta masacre y que sólo en el Perú había un silencio terrorista, los que nos daban breves cátedras de terminologías y etimologías para entender perfectamente la situación y los argumentos, los que nos abrían los espacios que creíamos imposible abrirse para estas circunstancias –como la sala de conferencias de mi universidad –, los que salíamos a conversar con los estudiantes, explicarles los hechos de la manera más entendible e invitarlos a unirse a lo que estábamos haciendo y los que se encargaban de registrar estos actos.

Si bien la masacre en Bagua fue un acto desgarrador e imperdonable, es cierto también que esta herida trajo consigo la conciencia de jóvenes que jamás habían sido conscientes y la participación comprometida de los que hasta ése momento se mantenían distantes.

La solidaridad en nuestra pequeña comuna fue fuertísima y los lazos que se forjaron fueron robustos. Durante toda esta ola, no sólo se hablaba de la masacre en Bagua –que era el tema principal en las reuniones –, sino que se discutían diversas alternativas que debíamos tomar para que los jóvenes tuviéramos una voz formal en los asuntos políticosociales de nuestros pueblos. En ese momento, además del asunto ocurrido en la zona norte de la Amazonía, 280 conflictos internos teñían de sangre las diversas regiones del país y nosotros seguíamos atentamente estos actos: protestas en Cuzco, Puno, Ayacucho, La Oroya, Cajamarca, Pataz, Callao y Trujillo iban marcando nuestras ideas y focalizaban los centros de acciones. Además, dentro de mi universidad, estábamos ansiosos por tumbarnos el reglamento fascista e inconstitucional que prohibía la organización política de los estudiantes, destruir la currícula estafadora impuesta por los empresarios y hacer de la universidad un caldero de propuestas, un arma revolucionaria a la medida de las circunstancias que nos había tocado vivir.

Gracias a ello, nacen los diversos talleres y conversatorios que CEPEDEH organizó, según la magnitud de los hechos. El primero que realizamos fue un foro titulado “Medio Ambiente en Caos y Especies en Peligro”, a fines de septiembre. En él, tocamos cuatro puntos fundamentales, el activismo social apuntando hacia la lucha de clases, o sea, el socialismo y el cuidado de los recursos naturales, o sea, el ecologismo; también denunciamos los decretos que Criminalizan la Protesta Social, los faenones, la lotización de la Amazonía y la actitud apañadora de la prensa capitalina frente a estos hechos.

Pocos meses después, en el marco de la prohibición de la píldora del día siguiente, hicimos otro foro estudiantil para tocar el tema del aborto desde un punto de vista legal, social y político. Además, en los periodos inactivos del colectivo, aprovechábamos para conocer otros espacios donde ampliar las bases de las juventudes y cooperar en las luchas de los trabajadores. Es así como, después de tropezar en distintos movimientos y sindicatos, logramos formar entre los jóvenes de todas las universidades de Trujillo la Red Juvenil de Derechos Humanos y, entre los adultos, la adherencia a la propuesta de Tierra y Libertad.

Sin embargo, a medida que íbamos formándonos ideológicamente y definiendo las acciones, la efervescencia producida durante la masacre en Bagua disminuyó y no pasó mucho tiempo para que las juventudes enfriaran su fiebre solidaria; sumado a ello, varios sucesos desencadenados posteriormente a la Marcha de la Paz ocasionaron el principio del fin de nuestra breve conciencia colectiva.

En mi caso, el primer golpe que me empujó hacia las sombras del aislamiento fue el súbito e inesperado retiro de la colaboración en la revista Día30. Hasta ese momento, había conseguido ser el coordinador general y ese cargo, de alguna forma, era la apertura a nuevos contenidos. Teniendo la conciencia popular clara y definida, contactos e información, lo único que faltaba era pulirnos como redactores para que el espacio fuera una tribuna revolucionaria no sólo en la información, sino también en el estilo y el formato.

Pero la idea de utilizar la revista como un espacio de difusión de ideologías y propuestas al servicio de la superación social, se desmoronaron con la misma velocidad que se desmorona un castillo de naipes. Paralelo a la sorpresa de mi reemplazo en el cargo mencionado, se censuraron dos textos que había escrito respecto a conflictos en la Universidad Privada Antenor Orrego y la masacre en Bagua. Esa actitud fue lo último que recibí por parte del comité encargado de la revista, ya que al inicio del nuevo ciclo no se me volvió a convocar a la participación de nuevos escritos ni a la solución de sus crisis, manteniéndose ese exilio hasta el día de hoy.

Pero la censura y la expulsión que sufrí en aquella revista no fueron tan graves como el aislamiento y el rechazo que sufrió CEPEDEH en la masa estudiantil. Si bien es cierto, durante las movilizaciones que hicimos para invitar a los estudiantes a solidarizarnos con los hermanos de Bagua fuimos acogidos por las juventudes, estaba claro que también éramos elementos peligrosos para aquellos que temen un cambio y desean continuar su vida como siempre la han conocido. Por lo tanto, era obvio que esta gente no se quedaría tranquila de ver cómo les derrumbábamos sus obsoletas normas. Antes que eso, nos derrumbarían a nosotros.

A partir de ese momento, se sembró y esparció una campaña terrorista contra nosotros por todos los espacios donde habíamos estado. Jóvenes de las universidades que, en su momento, apoyaron en un 100% las actividades, repentinamente se alejaron. Algunos alertaban temores de seguir por este camino, otros, simplemente, se los tragó la tierra. Sumado a ello, los compañeros y las compañeras que estuvimos metidos en CEPEDEH, impulsándolo con mayor compromiso, nos fuimos separando por razones personales. Algunos decidieron irse de Trujillo porque habían asumido que acá era imposible sembrar semillas de revolución: creían que no había otra salida que irse a Lima. No obstante, los que quedamos acá, seguimos impulsando CEPEDEH, asumiendo que el espacio donde se tenía que armar el organismo y convocar a los estudiantes era mi universidad.

El acuerdo se determinó de esa forma porque, de los que quedábamos, en su mayoría, éramos de la UPN –sólo un compañero era de La Nacional –; además, llegamos a la conclusión de que mi universidad era un espacio virgen donde nunca se habían tocado estos temas ni se habían impulsado estos organismos y creímos que ése era un buen argumento, ya que no chocaríamos con oxidados arquetipos respecto a la política.

Sumado a ello, en el verano del 2010, el rector convocó a un puñado de jóvenes de las facultades de arquitectura y comunicaciones; jóvenes que, según explicaron, eran verdaderos representantes de su facultad. La razón por la que hubo dicha reunión fue la catastrófica respuesta por parte de los estudiantes en una encuesta que realizaron. El objetivo era conocer las causas y proponer sus soluciones. Por lo tanto, pese a que el espacio y la convocatoria había sido totalmente distinta a la que se acostumbró en CEPEDEH, era evidente y tentadora la oportunidad de denunciar los abusos en la universidad y manifestar nuestras inquietudes: por primera vez se había invitado a un muchacho militante a dar un punto de vista y por primera vez se me abría una puerta verdaderamente útil.

La reunión había sido prometedora, ya que se acordó, bajo promesa, que el rector nos enviaría un borrador de reformas a raíz de las cuestiones demandadas y nosotros las supervisaríamos agregando acotaciones de ser necesario. Parecía que todo fluía acorde a los planes que se había diseñando al interior de CEPEDEH.

Del fracaso a la victoria

Nunca sabré si verdaderamente hubo un complot por derrumbar los deseos de los estudiantes o simplemente nos tantearon y supieron que no éramos capaces de nada; lo que sí tengo claro es lo que pasó después: catástrofe total. El rector nunca nos envió las reformas, ni sus disculpas ni nada. A raíz de eso y de nuevos abusos –como el alza injustificada de las pensiones –, me atreví a escribirle una carta, creyendo inocentemente que recibiría el apoyo masivo de los estudiantes y que todos pujaríamos por imponer nuestra posición.

Casi nadie manifestó su apoyo y, quienes lo hicieron, no eran los indicados para ponerse a la cabeza de esta nueva lucha. La suerte, una vez más, estaba jugada y teniendo a la soledad como testigo, los siguientes actos, tercos y polarizados, sólo lograron aislarme y expectorarme del devenir estudiantil. Por las aulas de mi facultad corrieron leyendas totalmente descabelladas pero altamente arrolladoras, creándome una imagen de renegado y subversivo que terminó espantando a los estudiantes. Hablar de política era un caso perdido porque las personas que en un momento tuvieron un acto solidario y formaron CEPEDEH, se alejaron completamente y se mantuvieron, ya sea por miedo, flojera o ambas cosas, tácitos en lo que ocurría, negando cualquier vínculo que en algún momento los relacionó. Sumado a ello, la ira y el rechazo por parte de los profesores y alumnos neoliberales, generó el combustible que hizo cenizas todo lo que en su momento se había realizado, utilizando sus medios para difundir descaradamente su propaganda aterrorizadora.

¿Qué queda, entonces, de todo lo que hicimos? Desde el punto de vista objetivo, nada, porque CEPEDEH, el colectivo, se ha quebrado y los miembros que apoyamos en su formación nos hemos alejado; actualmente, cada uno lo impulsa desde los diversos espacios que las circunstancias nos han ido presentando, adaptándonos a una nueva etapa de nuestras luchas y vidas.

En mi caso, debido a nuevas obligaciones que se me han venido presentando, me he limitado a recoger los pedazos rotos y rescatables de Runakuna que, tras fuertes crisis similares a las que ha sufrido CEPEDEH, reinicia nuevamente, corrigiendo viejos defectos y optando por nuevas acciones.

Pero la vida del hombre y las relaciones humanas no se limitan sólo a lo objetivo, a los hechos. La vida también es un archivo de aprendizajes, ideales, sentimientos y propuestas. Desde ese punto, CEPEDEH es mucho para quienes pensamos que podemos cambiar el mundo desde nuestra condición de seres humanos comunes, de estudiantes y trabajadores, hombres y mujeres convencidos en que sólo a través de la unión está la verdadera fuerza y que para lograrlas, es necesario aprender y aceptar a los demás, sin complejos de superioridad ni aires de imposición.

Desde este punto de vista, nuestra Comunidad Estudiantil Pro Ecologismo y Derechos Humanos es y será siempre un saco cargado de vivencias y sueños que siguen más legítimos y vigentes que nunca, dispuestos a reinventarse y ejecutarse en el momento y espacio que les sea otorgado.

Todo ello nos impulsa nuevamente a prepararnos con mayor agudeza de como lo hicimos la vez anterior, tomando todos los espacios que nos sean posible para escuchar y que nos escuchen. Pues, si bien fueron ellos los que ganaron la mencionada batalla, queda claro que aún falta conocer el resultado de esta guerra. Por ello, no debemos extraviar ni una semilla de revolución. Debemos utilizar todos los espacios, todas las tierras y todos los arados para sembrar nuevamente y confiar en nuevos resultados.

En mi caso, conociendo y comprometiéndome con los temas relacionados a la realidad de mi pueblo y sus alternativas de superación; pero, sobre todo, en la insistencia de cooperar a través del arte y la poesía, la creación y la imaginación como verdadera finalidad de todos estos deseos.

Respuesta a la ficha de postulación para el XIV Taller Descentralizado de Formación Integral en DDHH

miércoles, 16 de febrero de 2011

Profecía de Chilam Balam (Anónimo, con la firma del pueblo indio de México)



A fines del siglo XV
un sacerdote indígena de Yucatán
lanzó una profecía negra
y una profecía roja.

Chilam Balam,
el sacerdote jaguar,
escuchó y transmitió
el mensaje de los dioses.

Ellos le hablaron a través del tejado;
montados,
ahorcajada sobre sus casas
en un idioma que nadie más
podía entender.

Echado en la estera,
Chilam Balam
fue capaz de recordar
lo que todavía no había ocurrido.

Los dioses se lo contaron
en vísperas de la conquista española.
El sacerdote,
que era boca de sus dioses,
anunció:

“Dispersados serán por el mundo
las mujeres que cantan
y los hombres que cantan
y todos los que cantan.

Nadie se librará,
nadie se salvará.
Mucho ahorcar habrá
y mucha será la carga de miseria
en los años del imperio de la codicia.

Habrá muerte súbita
y vómitos de sangre
y grandes montones de calaveras.
Bullir de guerras y años de langostas.

Los hombres esclavos han de serse,
serán ahorcados los jefes,
los príncipes, los profetas, los sacerdotes.
Perdida será la sabiduría verdadera.

Alzarán el cuello las ratas para morder,
alzarán el cuello las víboras para morder,
triste estará el rostro del sol,
se despoblará el mundo,
se hará pequeño y humillado”.

Pero no terminó allí
la profecía de Chilam Balam.
El sacerdote jaguar de Yucatán
también anunció:

“Vendrá el tiempo
en que se levantarán en pie de guerra
los viejos y las viejas,
los niños y los valientes hombres.

Se levantarán el palo y la piedra para la pelea;
morderán a sus amos los perros,
las ratas se devorarán entre sí,
los de tronos prestados,
los usurpadores,
vomitarán lo que traguen:

muy dulce, muy sabroso
será lo que traguen,
pero lo vomitarán.

Abandonarán el trono prestado
y se irán a las lejanías,
a los confines del agua
y ya no habrá devoradores de hombres.

Y entonces,
cuando termine la codicia,
se desatará la cara,
se desatarán las manos,
se desatarán los pies del mundo".

jueves, 28 de octubre de 2010

Cuando se es en donde no sirve ser

Qué hacer
con las canciones
que no encuentran su voz,
con las palabras
donde escasea el papel,
con los colores
en un mundo gris,
con las ideas
si no hay cerebros.

Con la lucha
en un mundo mediocre,
con los senderos
entre los cojos,
con la arcilla
frente al manco
con la belleza
entre tanto ciego.

Qué hacer
con la verdad
entre los mentirosos,
con las ansias
entre los viejos,
con la rabia
entre los contentos,
con la vida
entre tanto muerto.

Con las lágrimas
si no hay consuelo,
con los peines
entre los calvos,
con ideales
entre mundanos,
con un fósforo
en el hielo.

Qué hacer
con la honestidad
si solo hay traidores,
con las ganas
entre desganados,
con la firmeza
entre los quebrados,
con la osadía
entre tanto cobarde.

Qué hacer, sino,
fortalecer los brazos,
nadar a contra corriente
o ahogarse en pleno tramo.

jueves, 24 de junio de 2010

Travesuras de dos milicianos

Dedicado a Jaime y Gaby

Cuando se encuentra en una trinchera, pocas son las veces que uno se atreve a dejarla: en tiempos de guerra, un mal paso puede pulverizar la historia. Estar detrás de esos sacos de arena brinda la seguridad necesaria para el reposo, calmarse del ataque recibido, tomar aire y prepararse para la defensiva.

El día a día no resulta ser muy distinto: cada debate, cada palabra, incluso cada paso que se da, muchas veces es la ofensiva o defensiva de esta guerra que hemos bautizado como vida. En nuestro país, donde la diversidad ha sido asumida, más que como un derecho, como una obligación, más que como privilegio, como un peligro, más que con orgullo, con vergüenza, nuestras trincheras tienen distintos matices: trincheras raciales, trincheras teológicas, trincheras generacionales, trincheras de clases sociales.

Teniendo clara la naturaleza caótica del espacio vital, se ha reconocido que salirse del bando perteneciente es sumamente riesgoso para quien no sabe a lo que se enfrenta o peor aún, no sabe cómo hacerlo. Entonces, si dicha acción es totalmente temeraria, bajar la retaguardia al enemigo o peor aún, intentar conocerlo, entablar una relación y llegar a estimarlo, definitivamente sería una sentencia de muerte, una carta de traición.

Pero no siempre es así, no siempre el enemigo tiene cara de enemigo o el compañero cara de hermano. A veces los uniformes y los colores son impuestos por generales directores de esta guerra y, muchas veces, va en contra de los milicianos. Por eso, como diría Fabrizio de Andrè en una de sus canciones, muchas veces nos encontramos con hombres al fondo del valle que tienen nuestro idéntico humor, pero el uniforme de otro color y estamos obligados simplemente a disparar.

La vida es similar; a veces las buenas personas no elijen ser viejos, ser empresarios o trabajar catorce horas al día en una minúscula sala en vez de ir a la universidad, o leer del arte americano. Pero la vida y sus exigencias, las necesidades y la indiferencia obligan a dejar los anhelos atrás y hacer lo mejor posible dentro del escenario impuesto.

La relación de quien escribe con Fabiana Cruz, administradora de la empresa de publicidad digital PubliAvisos, no es muy distinta a la de dos milicianos que descubrieron que sus diferencias se enraizaban simplemente en el color de la chaqueta. Los conflictos existenciales también resultan ser similares: disparar de tal forma que no le caiga una bala. Sin embargo, el cariño nacido en medio del caos resulta ser mucho más lúcido, más sincero que aquel sentimiento que nace en la abundancia y el derroche.

¿Este sentimiento tendrá esperanza de botar una que otra retama por ahí? Yo creo que sí, en cuanto se fortalezcan las igualdades y nos emancipemos de las diferencias. Finalmente, una de las cosas que nos hace radiográficamente iguales, es el sincero deseo de dejar un mundo mucho mejor del que recibimos.

Los Recursos Inhumanos

Las empresas de hoy, en su particular juicio, han decidido aglutinar a sus trabajadores –sin importar que sean obreros, campesinos, empleados o contadores –en una inmensa masa productiva bautizada como Recurso Humano. En la actualidad, se le tiene respeto y consideración. Los nuevos empresarios, más civilizados que los de antes, afirman que esta bola merece un trato justo; esto se traduce en saludos cordiales, sonrisas anchas, pedir bien las cosas y una infinidad de actitudes que aseguran mejorar el clima laboral.

Los trabajadores, por otra parte, han reconocido que ser saludados, recibir una sonrisa a las siete de la mañana, decir por favor y gracias es una cadena de actitudes que ha cambiado notablemente su clima laboral. Esto, dicen, es mucho mejor que una buena paga; incluso, cuando no exista.

Pareciera que todo fuera tan sencillo, que –hasta antes de 1989 –los problemas bélicos tenían su origen en no darse la mano entre rivales, la hambruna mundial se limitara simple y llanamente a un ¡buenos días! con olor a mentita, el principal problema de opresores y oprimidos económica, social y culturalmente se enquistara en los buenos modales y que, extirpando dicho cáncer, el planeta reflorecería, las diferencia entre ricos y pobres se desvanecería y los caballos galoparían. Pareciera, pero no es así.

Si bien los buenos modales contribuyen en gran medida a un entorno laboral adecuado y con ello, una mejor producción, esto no quiere decir que sea el factor principal del problema de los trabajadores; por lo tanto, realizarlos no conlleva a su solución. Más bien, la cordialidad es una es una condición que, antiguamente, era fundamental para que cualquier individuo sea socialmente aceptado.

Karl Marx dedicó su vida al estudio de la problemática laboral. En sus análisis, llegó a la conclusión de que el problema de los trabajadores explotados es un conjunto de situaciones objetivas cocinadas en la economía. En otras palabras, si una sociedad está jodida es porque existe una enorme desigualdad en la distribución de su riqueza, generando millones de seres humanos despojados de todo elemento de vida, viéndose obligados a vender su fuerza de trabajo (aún cuando ésta sea incuantificable) a unos pocos ricos que manejan las leyes y la información con el objeto de argumentar su delincuencia.

Este círculo vicioso es sostenible gracias a la excesiva producción de objetos y servicios, haciendo del consumidor un consumista y subordinando al trabajador a la condición de objeto dentro de la fábrica, valorándolo tan igual o menos que un camión, una tonelada de cadenas o una faja peladora.

Debido a ello, el trabajador no está involucrado en lo que realiza: no sabe lo que hace y no puede consumirlo. Así, el empresario capitalista le arranca su condición humana y le impone la alienación, desmereciéndolo de un trato humano pues, siendo objeto, pierde ciertas facultades como la conversación, la agrupación, el ambiente laboral adecuado, la opinión, la decisión sobre su vida o el derecho a rechazar algo.

En la actualidad, la situación de la neobola conocida como "Recurso Humano" no ha cambiado mucho de cuando se los conocía como trabajadores o proletarios. Después de cien años de haber desenmascarado la verdadera situación de la economía capitalista, la opresión social del liberalismo, la propuesta del comunismo, el colapso de algunos gobiernos socialistas y la invención de nuevas reformas radicalmente ecológicas, el trabajador aún sigue en la alienación que lo rebaja a la condición de máquina, disponiendo el patrón de todo, incluso, de variar sus nombres y escenarios que permitan mejorar su careta para explotar con mayor descaro e inventar artificios que permitan aceptar y volver necesario este crimen.

Nuestro país –transformado hoy en marca – cobija a empresarios que han aprendido muy bien a disfrazarse y ejecutar todas las recetas que les llegan de afuera. En la actualidad, el empresario peruano mima trabajado de la misma forma que el mecánico lo hace con su carcocha. El patrón, conocido ahora como líder, le da grandes dosis de falsas reformas que hacen creer su importancia y respeto. Sin embargo, el "colaborador" todavía vive subordinado y explotado, pues aún fabrica, distribuye y vende aparatejos inservibles como pieza de cambio para su sobrevivencia: sobrevivencia aún más alienada, ya que en será obligatorio consumir toda esa porquería con un pedazo de plástico que le hará ver la vida con "otra perspectiva", pues con la tarjeta de crédito todo es posible, menos, la capacidad de elegir, si quiera, una mejor paga.

Pero la cosa aquí no termina. En la actualidad, la inmensa bola del Recurso Humano ha asumido la supuesta importancia del líder, ya que este personaje gasta toneladas de dinero en terapias para quitar el estrés producido por la frustración de estar sentados dieciséis horas al día cuadrando facturas de hace tres años.

Los colaboradores, especialmente los de las industrias agropecuarias, han traducido el abuso de los accionistas en una extraña forma "equitativa" de asumir el reto: cuando la producción es baja soportan el ajuste salarial porque reconocen que la empresa debe mesurarse en sus gastos a fin de no golpear su capital durante esta dura situación. Sin embargo, cuando los tiempos grises se despejan con una exquisita sobreproducción, la equidad se desfigura y se transforma en un enorme embudo, donde la parte que acumula los millones está mirando hacia arriba.

Para terminar, es curioso que ahora secretarias y gerentes, contadores y guachimanes sean íntimos amigos y salgan de pichanguita. Ahora ya no existen verticalismos: el jefe se quitó la corbata y se remango la camisa. Ahora López y Nicolini se tratan de tú a tú y no existe ni racismo ni clasismo, porque ahora todos somos iguales, todos importantes.

Si nuestra situación fuera tan hermosa como se rumora ¿por qué son tan temidos los cargosos sindicatos? En la industria de nuestro país, hoy más que nunca se ha desfigurado la finalidad del sindicato y se ha satanizado su existencia. En algunos casos, porque aún sigue el trauma de la situación vivida en los años ochenta –aunque ignoren las causas que determinaron que así fuera –, otros porque el patrón líder así lo dice y repetir está de moda: sobre todo, si la voz llega de arriba. Sin embargo, prohibiendo la institución formal de opinión y decisión dentro de una empresa ¿no se aliena aún más al trabajador y se castra su condición humana?

Si los lectores estuvieran de acuerdo con estas ideas, sería bueno poner manos a la obra en el asunto y comenzar a cambiar –que no es igual a revertir –la situación. Sino, si se cree que este es otro discurso con tintes de resentimiento y amargura, quizá en este momento me esté dirigiendo a una plancha o tal vez a una lavadora que alguna vez, en algún momento de su existencia, se lo conoció y se reconoció como ser humano.

martes, 2 de marzo de 2010

¿Por qué estoy en contra de empresas como la Coney Park?

La empresa privada, en muchos aspectos, conlleva siempre a debates encontrados y conclusiones que, sin querer, rondan las zonas de la metafísica. Por ejemplo, podríamos hablar del sano y biológico deseo lúdico estampado en la compleja composición genética del ser humano: característica común entre nuestros parientes cercanos, los animales mamíferos.

Umberto Eco, un semiólogo de alguna parte de este convulsionado mundo, en uno de sus artículos* habla del placer por ejecutar este deseo. Realizar algo por querer hacerlo, sin obligaciones de por medio, es un ejercicio que relaja la mente y permite desarrollar la creatividad intelectual. Por ello, las sociedades reservaron un espacio anual para dedicarle un tiempo absoluto a esta acción: en algunas sociedades, este espacio temporal se conoce como carnaval y en todas, la condición para dar paso a realizarlo es celebrarlo una sola vez e intensamente, pues la constancia castra el goce de dicha acción.

Nuesta civilización, formada a partir en 1989 -año en el que nace un nuevo periodo socioeconómico -manifiesta una situación extraña para quienes más o menos escanean con cierta constancia el devenir del ser humano: hombres y mujeres comenzamos a carnavalizar nuestras vidas. Esto no significa, como se entendería en un cándido raciocinio, trabajar menos y divertirse (holgazaneando) más, sino que los hijos del neoliberalismo hemos hecho de nuestras horas laborales y de toda nuestra vida un carnaval.

Vivimos en un carnaval las horas enteras que nos pegamos a un televisor, recibiendo resúmenes oníricos de nuestra realidad y grandes dosis de sicodélica fantasía. Son carnavelezcos los chats que realizamos a escondidas y oscuras, creándonos un mundo inexistente en el que somos más hermosos y estúpidos. Disfrutamos de esta pachanga cuando nuestros pulgares derraman toneladas de relaciones ciberbobopersonales tejidas por frasecitas que se manifiestan a través de pequeñas ratas polifónicas, resumiendo a través de jeroglíficos limitados ¿cómo estás? o ¿qué estás haciendo?

Se han carnavalizado también los elementos que forman el carnaval, cuando el juego dejó de ser una antítesis al trabajo, industrializándolo, saturándolo y dejando el placer lúdico en segundo plano: actualmente, ya no interesa el deseo de distracción, que tranquilamente puede saciarse con dos o tres chapitas, un trompo o una bicicleta bajo una quebrada. Ahora, la prioridad es el antes, durante y después de aquella masturbada cerebral que redefine al juego y que tanto los mocosos, como los mayorcitos, nos damos enfermas sesiones dentro de aquellos aparatos mecánicos, tragaderas de químicos y consumismo que nos deja, finalmente, tan vacíos y ansiosos de más, que cuando lo estábamos al principio.

No obstante, la humanidad, que siempre tiene ases bajo la manga, logra mutar sus costumbres, adaptarse e incluso, sacarle provecho a situaciones duras. Quién sabe, en algún momento el trabajo dejará de ser represivo e injusto y finalmente obreros y campesinos vayan al cielo en un colorido corso, pues con una religión hecha carnaval, hasta dios puede vacilarse aunque tenga barbas y cabellos color blanco –recordemos que el “papa santo” lo hizo con una colombiana de ombligo sexy y el Opus Dei no se dio de puñetazos en el pecho–.

De momento, los trabajadores de este parque de diversiones mundial, fundado en 1989, se sienten los más importantes en sus empresas porque son aplaudidos, fotografiados y tienen en su agenda cibernética los correos de miles y miles de parejas que les hacen llamadas mediante apodos realzantes de inexistentes atributos, agenda que se la "empujó" la empresa telefónica vecina a la que trabaja, sin importarle que este pobre diablo tenga un contrato de tres meses, un horario de medio tiempo, prohibición el sindicato y un sueldo de 600 soles mensuales por seis días de trabajo. Incluso, en nuestros gloriosos días, el abuso ha sido carnavalizado.

Para finalizar, es justo meditar acerca del lema que, según la Coney Park, rige sus prioridades: “Sana y segura diversión familiar”. Mediante esta frase, saltan como canchita caliente ciertas dudas al respecto, ya que resulta difícil encontrar los parámetros de sanidad y los niveles de seguridad en un juego que despedaza gente como si se tratara de podar el jardín o en un bullerío atroz que sólo deja más aturdidos a los niños: sería bueno descubrir la mejora de la comunicación familiar en un espacio donde cada uno escoge un juego individual que más que juego, resulta ser un planeta que escurre cerebros para que luego de la sesión quede aún menos que decir.

Pues bien, de no existir una garantía de sanidad ni seguridad, entonces habrá que tener mucho cuidado al salir de casa. No vaya a ser a que después de haber saltado a la práctica literal de un viejo chiste en el que un fulano se acerca insinuante a una mengana y le pregunta: “señorita, ¿qué hará después de la orgía?”, saltemos a un futuro y trágico refrán en el que un pequeño se acerca airado a otra pequeña y le pregunta: “habla pes tía ¿qué harás después de dinamitar tu cole?”.


*El artículo del semiólogo que proviene de alguna parte de este convulsionado mundo se llama “Del juego al carnaval” y está adjunto, a muchos otros, en su libro “A paso de cangrejo”.

martes, 2 de febrero de 2010

¿Aliados o rivales?

El siguiente texto no busca criticar a la Universidad César Vallejo en particular, sino a las empresas maquilladas de académicas en general. El sujeto fue elegido de manera circunstancial, siendo el pretexto para la crítica sistemática

La humanidad, en su nueva etapa socioeconómica –aquella que iniciada en 1989 –asumió ciertas manías que nunca, en toda su historia civilizada, lo había hecho. Para algunos, dicha etapa –aunque ya viene agotándose – es la más productiva que jamás se haya registrado; otros, por un análisis mesiánico o por los resultados que se vienen registrando, lo anuncian como el apocalipsis financiero y para el resto, o sea, los de mi generación en adelante, ni siquiera es percibida y se asume el actual sistema socioeconómico de la misma forma que la necesidad del oxígeno: desde siempre ha sido así.

Dichas actitudes nos han llevado a reconocer, rechazar o ignorar ciertas políticas sociales. Sin embargo, una charla dictada por los asesores de imagen y ventas de la Universidad Privada César Vallejo, ha hecho recordar los nuevos negocios y con ello, criticar el estilo de vida de un ser humano neoliberal.

En la actualidad, poco o nada se discute sobre el fin supremo de las universidades –ni si quiera la definición que llevó a fundarlas –y se entiende la actual estructura académica al igual que el actual sistema socioeconómico: desde siempre ha sido así.
Pero no siempre ha sido así. Antes de 1989, la universidad tenía un solo fin: generar el pensamiento universal. De existir un espacio nombrado como tal, se realizaba en éste la formación del pensamiento universal –según la definición de universo que tenía la sociedad –a cualquier costo y bajo la aceptación de todos los individuos.
Hoy, el nivel de financiamiento ha bajado: la libertad para fundar una universidad se ha democratizado y ahora cualquier empresario puede emprender el oficio del negocio en el sendero de la educación. Esto, sin embargo, ha generado una duda respecto a la educación, ya que, siendo permisibles a democracia individual ¿no se amenaza de fractura o desaparición a la democracia social?

Desde el punto de vista empresarial, la UCV es un negocio verdaderamente exitoso. La organización de la empresa es tan magnífica que, a un bajo costo, genera grandes beneficios. Los responsables de la captación de clientes –no estudiantes –afirman que el secreto del éxito de las ventas se debe a la audacia y la vehemencia. Audacia, lo dicen, porque hay que ser temerario para ir de puerta en puerta ofreciendo un nuevo producto careciendo instrumentos para garantizar su calidad. La vehemencia, por otra parte, se interpreta como la insistencia y persuasión sobre el "público objetivo".

Debe ser efectiva su fórmula, pues en los últimos diez años, la César Vallejo ha crecido a tal punto, que está ubicada entre las universidades peruanas con mayor densidad estudiantil; además, como semillero de nuevos clientes, mantiene dos negocios de estrecha relación con el primero: el jardín de infancia Clementina Acuña y el equipo de fútbol de la UCV. Para cerrar la obra maestra, la UCV se maneja con un solo dueño; así, el funcionamiento de la empresa se hace menos burocrático y la generación de ganancias más efectiva.

Si entendemos a la educación como una tonelada de espárragos empaquetados o como fardos de algodón, podríamos asegurar que el sector educativo y la empresa privada son aliados cooperativos. Pero sabemos que la educación es más que un conjunto cifras de ganancias y clientes captados.

Desde la definición que llevó a fundar las universidades, la democratización de la educación como medio empresarial es un peligro que atenta directamente contra su objetivo fundamental, pues para educar con verdadera calidad, la inversión debe ser fuertísima y las ganancias retroalimentarias.
Sin embargo, con la existencia de un dueño, este círculo se vuelve una línea vertical y el fin supremo de la universidad que, en los tiempos previos al 1989, era generar el pensamiento universal y, desde 1968, volverlo útil para la práctica social quedan exiliados.
Con la aparición de un empresario, la universidad pierde su autonomía financiera y el fin supremo pasa a segundo o último plano, ya que el nuevo objetivo es generar ganancias a través de la educación y no formar gratuitamente, como derecho y no como servicio, a los nuevos dirigentes de los distintos espacios sociales.
Viéndolo así, queda claro entonces que universidad y empresa no son compatibles por sus propias naturalezas y por los fines supremos que ambas persiguen.
Aclarando dichas perspectivas, quedan dos opciones para los dueños de estas nuevas universidades de pensamiento universal enclenque. El primero, ser sincero con sus conciencias y la humanidad al rescatar en la acción los objetivos de una universidad o, el segundo, hacer de cuenta que este texto no fue escrito, que aquí nada pasa y salir a tocar las puertas con mucha audacia y algo más de vehemencia.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Aclaración

Los siguientes textos son la opinión acerca de las obras del empresario Nano Guerra, quien ha logrado convertirse en la celebridad de la literatura de la sociedad peruana neoliberal; sociedad que al parecer, le gusta ser arriada tiernamente por una neocorriente de las letras, conocida como Autoayuda.

Los argumentos, paridos gracias a una consciencia social definida, son sobre todo un arma de defensa a disposición de la clase trabajadora, aquella que acoge a los ciudadanos considerados como tercera categoría, quienes soportan, sin consulta previa ni derecho a la abstención, el "privilegio" de ser pagados para aprender a obedecer y callar.

Se espera entonces, que estas líneas generen el sano ejercicio de discernir una verdadera identidad que promueva la lucha comprometida del pueblo para lograr su verdadera emancipación.

DE LOS SECRETOS NO MUY OCULTOS - A propósito de "Secretos del Carajo"

Los estudiantes hemos interpretado los doce secretos registrados en el libro del señor Guerra como mandamientos traídos de la montaña, redactado por un dios mesiánico que arría tiernamente a sus borregos. Algunas veces, incluso, se repiten las propuestas cual evangelio de un barato catecismo.

En Secretos del Carajo el autor lanza doce pasos –producto de la condensación experimental de algunos nuevos capitalistas –que son interesantes para el sector empresarial en, particular, y para la vida, en general. Ejemplifica a los caballeros del desarrollo y aplaude su meritorio proceso evolutivo en el truculento mundo de los negocios.

Se habla de autoestima, de tener claro lo que se quiere, de ofrecer un producto, de saber a quién y dónde se le vende, de vivir apasionado en el día a día de las ventas, de ser creativos, novedosos, ilustrados y de llevar bien puesta la camiseta de la patria. Ingredientes que, según afirman los empíricos del comercio, son elementales para el éxito emprendedor.

Estoy de acuerdo con casi todos los pasos. Creo que interpretándolos y dándoles un buen uso, pueden generar interesantes resultados. Sin embargo, el autor debió ser un más sincero con sus clientes y redactar un prefacio de advertencia en su obra.
Dentro de este prefacio, podría haber incluido los siguientes puntos:
Primero. Guerra debió dejar claro que sus pasos son sólo una de las muchas estrategias de superación y que el hecho de que hayan generado buenos resultado con doce personas, no garantiza, en absoluto, que la victoria será la nueva constante, ya que el peruano, pese a tener fama de astuto, sufre de una gravísima y cándida credulidad.

Segundo –aunque sé que el párrafo de esta idea pondría en riesgo la venta de uno u otro libro –, el autor debió aclarar que, el hecho de que el Estado haya sido el padre holgazán de la sociedad peruana, no se escusa la dejadez de sus hijos al dejarlo podrir. En todo caso, si tanta fidelidad se tiene al emprendedurismo individualista, debió de ser más valiente y proponer una alternativa de eliminación de este viejo parásito –¿anarquía?, ¡qué horror! –o apelar a la autocrítica y plantear la reestructuración de un Estado que en su caso pueda ser útil, mediante el cumplimiento de sus obligaciones y regulaciones, al mundo empresarial.

Tercero –definitivamente esta idea desencadenaría la no publicación de su libro e incluso que los televidentes cambien de canal los domingos a las 6 pm, enterrando radicalmente la emprendedora carrera del analista, pero era justo y necesario quedar bien con la nunca pasada de moda ética –, a Nano Guerra se le escapó la importantísima aclaración de que NO TODOS PUEDEN NI DEBEN DE SER EMPRESARIOS PARA ALCANZAR EL DESARROLLO Y EL ÉXITO EN SUS VIDAS, pues en las sociedades JAMÁS HABRÁ ESPACIO PARA QUE TODOS LO SEAN.

El ser humano, como casi todas las especies, ha creado sus sociedades a partir de una cadena que funciona a través de un proceso cíclico. La producción, el campo fuerte del empresariado, obedece fielmente esta regla: por cada empresario emprendedor, existe un grupo de cientos de obreros, campesinos, artesanos, ajustadores de tuercas, peladores, carpinteros, barrenderos, lustra botas, choferes y cuanto otro trabajador no empresario que tienen el DERECHO A QUE SU TRABAJO SE RESPETE Y SE LO VALORE EN IGUAL PROPORSIÓN QUE AL EMPRESARIO a través de un buenos contratos y sueldos, no de un focus groups. El mundo empresarial y el señor Nano Guerra NO ESTÁN OBLIGADOS A DESVIRTUALIZAR ESTE FIN SUPREMO.

Las sociedades están obligadas a promover esta vía de superación. Si bien el autor no es un sociólogo ni está en campaña política, debió aclarar este asunto en el supuesto prefacio, aplaudir a los impulsadores del mundo empresarial y hacer un llamado a los gerentes para que sean derechos desde adentro, desde la empresa, mediante el respeto a los contratos laborales, al sueldo justo, al pago a tiempo, al seguro médico, a la apertura de sindicatos y al respeto por su trabajo.

Finalmente, al principio dije que estaba de acuerdo en casi todos los pasos y es porque no creo en el secreto de Acurio. No acepto y mucho menos amo algo tan subjetivo como la patria. Un concepto, además, creado por unos pocos para adormecer a varios, muchos ¿Qué de igual tenemos nosotros con el dueño de un banco además de haber nacido en el mismo espacio geográfico?

Creo más bien en la identidad socioeconómica y estoy seguro de que promoviendo este concepto, el significado que abarca la palabra emprendedor pase de individualista a colectivo.

IMPERIALIZADOS, COLONIZADOS Y GLOBALIZADOS: A propósito de "La historia de María"

Hay dos sucesos históricos, dentro de las cosas producidas por la Europa, que lamentablemente en la sociedad peruana no se penetró: La Ilustración y Mayo del 68.

La consecuencia del primero, como lo diría hace un siglo José Carlos Mariategui, fue la instauración de una burguesía feudal que gozó exquisitamente los beneficios de este nuevo estilo de vida y obvió la vanguardia intelectual que se cosechaba desde el siglo XVIII en el viejo mundo; siendo así una clase social abusiva y retrógrada. La segunda, causada por la negación a las reformas setenteras que se vivían en casi todo el mundo es el neoesclavismo a las minorías sociales que, si analizamos cuidadosamente, resultan ser las mayorías demográficas.

El sometimiento y la actitud servil que hoy nos caracteriza a los peruanos, es fruto de la trágica actitud de amurallarse a las reformas que eran luchadas por el Feminismo, la Teología de la Liberación, el Movimiento Negro, el Movimiento Hippie y el Socialismo.

Como fruto del estancamiento masivo en la intelectualidad del país, se desarrolla para nuestra generación –acreedora de duros adjetivos que resumen nuestro autismo social, escasez de solidaridad y tendencia por la depredación ecológica –el clásico estereotipo servil que el empresario y autor de manuales de “emprendimiento financiero” bosqueja en el personaje principal de su última obra, “La historia de María”.

María, mujer, pobre y, seguramente, muy cobriza, afirma a lo largo de su historia que la servidumbre es la clave del éxito en el mundo comercial. En la actualidad, el neoliberalismo ha fomentado un mercado tan desenfrenado, que debido al exceso de ofertantes, el consumidor –consumista, además –tiene el poder de imponer sus condiciones y dar la última palabra, pues si la empresa no lo satisfacen, tendrá todo el derecho de patalear, gritar o simplemente voltear a su derecha y escoger entre las cien mil manos que a su alrededor le ofrecerán lo que cree desear y mucho más.

Los nuevos empresarios han llegado a tal barbarismo de saturación del mercado, que han sobrevalorado la importancia de la clientela, como si esta fuera la única pieza que garantiza el éxito empresarial, olvidando a sus trabajadores y que sin ellos, NADA habría para ofrecer a la demanda.

Este hecho ha desencadenado una constante explotación en los trabajadores de dichas empresas: realizar masivamente productos a bajo precio, ha sido sostenible sólo gracias a las políticas que apañan el subsueldo de los obreros, campesinos y personal de las empresas. De igual forma, el de estos consorcios es posible gracias al reclutamiento de personal que trabaja sin un contrato previo o con uno que no garantiza nada, a la supresión de un seguro social, a la prohibición de formar agrupaciones organizadas y a la sumisión servil que garantiza un "aprendizaje experimental" como tierno complemento al devenir de sus vidas.

Pero los trabajadores no trabajan para soportar estas políticas laborales y "aprender" de ello mediante una sorpresiva enseñanza de la vida, como lo afirma María. El campesino trabaja ocho horas, el obrero diez y el empleado cerca de catorce para ganar un sueldo que soporte su estilo de vida y el de su familia, estilo que muchas veces se limita a la sobrevivencia diaria.

María, si dejara de reconocerse como sirvienta y empezara a aceptarse como proletaria, en sus historias, exigiría a los empresarios que los trabajadores deben tener sueldos dignos y contratos que los respalden; alentaría a los suyos a formar sindicatos que sean nexos de comunicación, enseñaría de garantías y remuneraciones. Sólo así se puede hacer un sano intercambio de objetos –entiéndase también servicios –entre la empresa y el cliente, en lugar de una vergonzosa sumisión.

domingo, 6 de septiembre de 2009

A Remigio Huamán, revolucionario caído en la lucha por la Reforma Agraria

Mi nombre llevará grabado el tuyo
y mi sangre tendrá tu color.
Mi vida es tu vida, noble bandido,
mirada de vengador.

Remigio, enséñame a detener al invador
¡Pisoteemos al opresor!
Deja que mi corazón lata al ritmo del tuyo
y hazme uno más en la rebelión.

Volveremos a encontrarnos,
estudiante y trabajador,
nos veremos en el cielo
¡Arriba puño vencedor!

Viva Remigio Huamán,
estrella en Chaupimayo.
Vivan los rebeldes,
retamas de la revolución.





domingo, 28 de junio de 2009

Arriesgaremos la piel



Preludio a hemorragia social

A seis meses de la masacre ocurrida el 5 de junio en la curva del diablo, ubicada en Bagua Grande, se recupera este ensayo, parcializado, quizá, por el dolor, la furia y el deseo de justicia que se condensan en la adaptación creativa de una cantata popular de los años setenta*.

Los meses siguientes al hecho sangriento, han sido un lapso de proceso de definición de consciencia por parte del autor y otros compañeros, que hoy en día son camaradas, hermanos en el pensamiento y el deseo progresista por una verdadera revolución.

Por ello, las líneas próximas a la lectura, paridas en un marco de taquicárdicos sueños son sobre todo un arma de defensa a disposición de los indígenas, los campesinos, la clase trabajadora y cuanto otro grupo de mayoría postergada que acoge a los seres humanos considerados por unos pocos como de tercera categoría; quienes soportan, sin consulta previa ni derecho a la abstención, el privilegio de ser subpagados y asesinados para aprender a obedecer y callar.

Se espera entonces, que estas líneas generen en la gente el sano ejercicio de discernir una verdadera identidad que promueva la lucha comprometida del pueblo para lograr su verdadera emancipación.

Venceremos.
*La cantata que sirvió de inspiración para este texto fue “Cantata Santa María de Iquique”, interpretada por el grupo folclórico Quilapayún. Esta cantata narra los hechos de la masacre a los campesinos del norte de Chile que por protestar el estilo de vida de sobrevivencia infrahumano que imponía el sistema feudal, el 21 de diciembre de 1907 desencadenó en su matanza en la escuela Santa María de la ciudad mencionada.



La Historia

Hermano estudiante vengo a contarte un sangriento hecho que la historia pretende obviar. El epicentro de la masacre fue el nororiente, Bagua la ciudad. En medio del infierno, el 5 de junio del 2009, fueron a masacrar. Allá, en la lejana selva, los búfalos mandaron a matar. Aquello que desconocemos, pero bien lo disfrutamos, garras extranjeras pretenden arrebatar.

Seré un humilde narrador, recio hasta el final. Diré la verdad fuerte y amarga de nativos con nuestra identidad. Recordarán esta historia de duelo y sin perdón. Por más que el tiempo pase, no hay nunca que olvidar. Ahora les pido poner atención. Abran sus ojitos, peguen un vistazo y aviven su percepción.
…..

Si cambian sus miradas al centro y contemplan el mundo que está a su izquierda, verán que el sol aparece en el occidente y el oeste es cubierto por un gélido ocaso: las montañas bañadas de mercurio y la quebrada sometida por entes extraños. También verán mineros de manos peladas y otros tantos muertos de cuarenta años, un mundo intoxicado de nubes foráneas. Los sobrevivientes son obligados a trabajos humillantes, dispersos sin representantes. Las agrupaciones están prohibidas y las órdenes dictan escarbar noche y día. Un mundo gitano, lleno de nómades andanzas debido al arrebato de sus enraizadas casas. Aquella quebrada es sometida a duras flageladas.

Y si el ojo está sano, podrán estirar sus miradas y escarbar entre árboles sobrevivientes, aquel mundo oculto para no llegar a la misma jarana. Si contemplan la selva y el horizonte, verán que sobre ella se asoma una cruda amenaza.
……..

Se habían acumulado muchas miserias, muchas injusticias e insolencias. Ya no podían más y las palabras tuvieron que pedir lo que debían. Durante el 2008 y 2007, el hambriento monstruo del occidente intentó arrebatar a los hermanos nativos sus tierras, pues todo lo que dentro de ella se almacenaba era conocido con el nombre riquezas.

El pueblo amazónico no se quedó callado y la bulla fue un arma de defensa: leyes que servían de respaldo a gallinazos de garras extranjeras. La manifestación fue grande y el Congreso se comprometió a evaluar aquel disparate: primero de febrero, era la fecha límite para reencontrarse.

La promesa del presidente del Congreso, Javier Velásquez Quejen, había sido manchada por una pestilente declaración que negaba su promesa. Las cartas de recordación se habían agotado y no hubo alguna respuesta. El Primer Ministro se unió a esta caravana; regresando de sus vacaciones, sólo sirvió de fachada.

A principios de abril del año 2009 se gestaba la protesta en toda la selva y al mismo tiempo se escuchaba un grito que volaba sobre los bosques. De una a otra comunidad se oían como ráfagas los reproches de los nativos, de una a otra oficina, los congresistas, su rostro indiferente, el desprecio.

¡Qué les puede importar la rebeldía de los desposeídos, de los parias! Ya pronto se irán arrepentidos, el hambre los regresará cabeza agacha.

“¿Qué hacer entonces, qué, si nadie nos escucha?” Hermano con hermana preguntaban... “Es justo lo pedido y es tan poco ¿Tendremos que perder las esperanzas? “
Así con el amor y el sufrimiento se fueron aunando voluntades. En un solo lugar comprenderían, había que bajar a Bagua Grande.
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A partir el 18 ocho de abril se hizo el largo viaje por toda la Amazonía. Cinco mil bajaron o tal vez más, con silencios gastados listos para protestar. Iban bajando ansiosos, iban llegando los miles de las comunidades, los postergados. No mendigaban nada, sólo querían respuesta a lo pedido…RESPUESTA LIMPIA.

Algunos en la selva los comprendieron y se los unieron, eran hermanos suyos todos aquellos. Y se solidarizaron los de las dos Baguas, los Condorcanqui, luyanos y de Loreto. Rogriguez de Mendoza, Tarapoto y Yurimaguas. Gasfiteros, estudiantes y profesores. Albañiles, madres, todos los trabajadores. Gente de apoyo justo… ¡peruanos pobres!

Los señores de Lima tenían miedo, era mucho pedir ver tanto obrero. El nativo no era hombre a cabal, podía ser ladrón o asesinar. Mientras tanto el Congreso se volvía un circo, de caprichosos tildaban a los nativos y a ellos se unieron los pingüinos, que también cacareaban miles veredictos. Uno gritó con flaqueza “habrá que cuidarnos de tanta bestia. Será mejor juntarlos en algún sitio, que anden por las calles es un peligro”.
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El escenario de los hechos, era un puente macabro y esta zona todos la conocen como La Curva del Diablo. Se plantaron firmemente en una huelga pacífica, mientras que en la capital los Apus buscaban derogar los sustentos de una neoconquista.

Siete días esperaron, pero qué infierno se vuelve cuando la tierra se está jugando con la muerte.
Mientras tanto la ceguera seguía en Lima, el búfalo mayor balbuceaba con energía: “la selva es de todos los peruanos y no solo de un grupo”, eso señor Presidente, dígaselo a los dueños del neolatifundio. Los nativos jamás imaginaron que ellos serían los aplastados. En cinco regiones de la selva, el estado de sitio fue declarado.

El camino de la diplomacia se fue acabando y la negación con la furia se fueron asomando. Cuatro de junio del 2009, a caballazos suspendieron la derogatoria pendiente. Semanas antes del suceso, Rosario Fernández avivó la furia con su condimento: “Nativo desprevenido” llamó a Pizango, como si protestar por la tierra fuera un descaro.

La brisa traía consigo terror oculto. Era el quinto día del mes de junio.
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“Usted señor ministro no nos entiende. Seguiremos esperando así nos cueste. Ya no somos animales, ya no rebaño. Levantaremos la mano, el puño en alto. Vamos a dar fuerzas con nuestro ejemplo y el futuro lo sabrá, se lo prometo. Y si quiere amenazar aquí estoy yo. Dispárele a este indígena en el corazón”.

A las cinco de la mañana del quinto día del mes de junio, 369 efectivos de la Dinoes emboscaron silenciosamente a los nativos que estaban en conjunto. En alianza con cientos de policías, mantenidos en esta guerra con sólo s/. 6.50, los miembros de operativos especiales comenzaron brutalmente la violencia. Inesperadamente alzaron fuego, creando confusión y desespero. El crudo masacre de la primera hilada, dio inicio a la matanza descarrilada.
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Durante la masacre murieron trescientos nativos uno tras otros. Trescientos hermanos nuestros que fueron matados. Aquella mañana la curva del diablo vio sangre nativa, una sangre que conocía sólo miseria. Serían trescientos indígenas ensordecidos y fueron trescientos peruanos enmudecidos. Ahí fue el exterminio de vida que moría en cada latido. Trescientos amazónicos matados, veintinueve policías ¡ASESINADOS!

…Un estudiante juega en su universidad a ser exitoso en la vida. Si juega a ser dueño del mundo ¿Qué encontraría?...

A los hombres de la selva que anhelaban mucho más, los mataron como a ratas, pues había que matar. A nativas de la selva, que apoyaron hasta el final, también las matarían, los búfalos llegaron a arrasar. Y a policías de la costa, que fueron carne de cañón y que en su triste agonía, cavaron su propio panteón.

Está prohibido que ser pobre, querido hermano, es peligroso también ser peruano. No hay que ser de otra clase hermana, no somos de primera clase, esa es la jarana. Existen categorías, no hay más palabras. Moriremos despiadadamente, querida hermana. Y tú también niñito, no nacerás pequeño hijito. No vivirás aquí papito. Esto no te pertenece, cándido tontito...
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Hermano universitario, aquí termina la historia de una arrolladora carnicería. Ahora, con mucho respeto, yo pediría, que leas con atención la prosa de despedida.

Tú que ya has leído la historia que se contó,
no sigas ahí sentado, pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo, la prosa no bastará.
No basta sólo el lamento, miremos la realidad.

Arriegaremos la Piel


Arriesgaremos la piel

sábado, 27 de junio de 2009

martes, 16 de junio de 2009

Lo que hemos logramos

Cuánto hemos jugado, queridos hermanos.
Cuántos, sobre charcos de sangre y dolor.
Las lágrimas hoy nos unieron,pero pronto las risas serán.
Hoy, queridos hermanos, derogamos una ley,
otras represiones vendrán.
Tengamos dura la piel,firmes hasta el final.
Que nuestras gargantas sean instrumentos de difusión.
Que de la decepción nazcan reformas y se haga la revolución.
Vistámonos de solidaridad y propuestas.
Hagamos juntos herramientas de acción.
El fusil más poderoso, hermano mío,
es el conocimiento y la razón.
No seguiré esta pachanga,
no más floro por favor.
Sólo quiero recordarte, compadre querido,
la consecuencia de tu apoyo y cándida decisión.
Venceremos.
Fotografías del día de la marcha por la paz - 11 de junio 2009
Fotógrafo: Julio Flores