domingo, 12 de octubre de 2008

Bizarro Circo


La mañana del miércoles, José despertó para ir al colegio. Desde su ventana, algunos rayos solares, propios de la primavera, se han asomado hasta su cama. Se levanta y se asea con rapidez, pues pronto las siete serán. Ya con su uniforme blanquigris, toma rápidamente una contundente taza de leche con avena y se atraganta dos panes con mantequilla. Alarga el paso para poder coincidir con la parada del micro, el mismo que lo dejará dos cuadras antes de su colegio. Al doblar en la esquina de la calle San Salvador, su calle, se queda pasmado tras descubrir que, sobre el abandonado arenal, un enorme collage de coloridas lonas crean una carpa: el circo Royal, de la nada, ha aparecido.

Es la primavera del 97. José Teran tiene doce años y está en sexto grado de primaria. Al medio día, regresa a casa luego de terminar su jornada estudiantil, vive en la Esperanza. En medio del camino, un enorme parlante, que es transportado sobre un tico amarillo, se cruza con él mientras chilla un extravagante anuncio: “El gran circo, vengan a ver el gran circo. Estará el burro que sabe contar, la niña que se puede doblar, los payasos que no saben bailar…” José, inquieto, ansía el fin de semana. Los días siguientes, aún sacrificando su lonchera, ahorra el sol cincuenta que se necesita para poder entrar.

A las veintidós horas del sábado, el circo Royal anuncia, a través de un pitazo, su primera y única función de la noche. José está ansioso y se encuentra con dos de sus amigos, Carlos y Luís. A las veintitrés, con sólo quince personas, el grupo circense anuncia el inicio de su espectáculo, deteniendo la vieja cinta del cantante español Raphael. Para José, el coro de “Mi gran noche” (…qué pasará, qué misterios habrá, puede ser mi gran noche…) es un preámbulo a lo que va a ocurrir. Sobre el pequeño escenario, que tiene como suelo el pampón, aparece un descolorido payaso que a su vez, es domador de perros. Sus pequeños y lampiños chiguagüeños, tras las órdenes, hacen salerosas monadas que entretiene al inquieto público. Luego del espectáculo –caminatas a dos patas, saltos sobre bancos y sillas, y algunos ladridos –los lánguidos cuadrúpedos se esconden detrás del telón para dejar a su amo el escenario libre.

Si en cualquier circo los payasos valen a los cortes comerciales de la televisión, en el circo Royal –único en su especie – estos corresponderían a la telenovela de las siete; y ya que el circo se caracteriza por la improvisación, acá, la fuente de los chistes es la propia instalación. “Para mi siguiente acto –dice un payaso cuarentón y regordete –voy a necesitar la participación de un niño… varón”. Un escuálido mocoso es jaloneado por el pintarrajeado viejo y empujado por su madre, otra vieja regordeta. El payaso interroga al muchacho para tomarle el pelo. Ventajosamente, el niño es lento y retraído, por lo que es fácil encontrar chistes que tienen una estructura humillante. Luego de haber burlado la torpeza del mocoso, cuyo nombre es Jeison, el colorido adefesio toquetea a su antojo al enclenque con el pretexto de encontrar, según él, su pito; Jaison se anima a reír contagiado por la risa del público y además, por las cosmiquillas que siente en la entrepierna. Terminado el acto, el payaso Richi hace una ridícula venia, le da la mano al muchacho y, con la misma, despeina su cabellera y le indica, con una palmada en trasero, que puede irse. Su madre se pone de pié, está orgullosa: su pequeño crío ha sido toda una estrella.

El mejor acto, al criterio de José, está por comenzar. Una chiquilla mulata y de traje de baño anaranjado, realiza, al ritmo de Una fan enamorada (versión balada), trucos gimnastas. Para este acto, la muchacha ha instalado con un tablón de madera y una dorada mesa, su pequeño escenario. El público, alborotado por semejante show, lanza silbidos y besos a manera felicitación. Terminada la canción, la curiosa adolescente efectúa una sensual venia y lanza besos mientras intenta desaparecer entre el telón.

Para cerrar con broche de oro, el payaso Richi presenta a su discípulo, el payasito Tripita. Este comediante, flaco y largo, utiliza a toda la gente para debutar su acto. Hace ridículas comparaciones, acentuando la fealdad, gordura, flacura y defectos de los no muy voluntarios, pero jocosos, participantes; jalonea y husmea un par de caballeras infantiles, piropea una que otra muchachita y para cerrar su acto, busca un pretexto para hacer de marica y lograr piropos de lo novios.

La función ha terminado, ha durado una hora. José siente que ha estado en un mundo onírico. Los actores, actrices y animales salen para recibir aplausos. Luís, amigo de José, ha quedado deslumbrado con el burro que sabe sumar: no entiende cómo lo ha logrado.

Diez años después, José, informado por una deslumbrante publicidad televisiva, volverá al circo. Se anima a pagar tres soles, pues ya dejó de ser niño hace mucho. El espectáculo será el mismo, aunque quizá haya perdido un poco su magia. El circo Royal se ha modernizado. Ahora, para crear intriga entre los espectadores, han cambiado al viejo y afeminado Raphael por un moderno Reggeaton. Los chiguaguas son otros, los anteriores se perdieron; los payasos están más viejos y jorobados y, la tierna gimnasta, está menos flexible. José intenta pensar que la magia se ha escapado de él, que es la adultez lo que lo hace tan crítico, que quizá, los abrumadores problemas lo impiden imaginar. Intenta darse otra oportunidad. Al ser anunciado el burro que sabe contar, sus opacos ojos se vuelven brillosos y se llena de ansiedad. Esta vez, el público le preguntará las operaciones matemáticas. Pocos segundos después, sin embargo, se encuentra en medio del escenario un tipo disfrazado de la marketeada bestia. José cree que hay una equivocación. Trata de fomentar una protesta, pero es frenado al ver que el convencido público, lanza al embustero primitivos ejercicios matemáticos. El seudo burro, en algunos ejercicios se equivoca; tal vez, después de todo, no ha sido muy grande la estafa.

El espectáculo ha terminado y José es el único en la tribuna. Se dirige lentamente hacia la salida, está pensativo, intenta asimilar la repentina y dura decepción. Ya afuera y a un lado del circo, unos trapos recién tendidos le llaman la atención. Trata averiguar qué es. Estos se mueven. Se acerca lentamente y al jalar el más grande, descubre que un tipo besa desesperadamente a la no tan tierna gimnasta. Él ha manchado su rostro con lápiz labial. Tiene sus párpados salpicados por el delineador, mira de reojo al inoportuno muchacho. José, ha quedado impresionado. Ha entendido, de la forma más cruda, que su fantástico sueño, siempre fue un circo bizarro.
Publicado en Día30

sábado, 9 de agosto de 2008

De piques y pesadillas

Las madrugadas en el Golf tienen un no sé qué de ruidos y luces de neón… ¿entiendes? Sales caminando desde la bodega Wilson mientras enciendes un Lucky Light, como siempre. De pronto, desde una ventana, aparece ella. Es la sombra tenue de lo que alguna vez fue. Su cabeza es un plato de spaghetti, las flores amarillas de su vestido están como pegadas a su piel, sus dientes dejaron de ser de marfil y se volvieron de oro de catorce. Ahora, sólo una luz amarilla la acompaña hasta llegarla a aturdir. Te parece graciosa, pero más gracioso eres tú, pues tienes incrustado un arroz con mango en el coco. Afuera, en la gran avenida y a la mitad de tu cigarrillo, llegas a la cuadra seis, das una última pitada y desde la sombra, a tus espaldas, emergen ellos ultraveloces.

Yamaha es el nombre de sus muñecas, uno de sus muchos juguetes nocturnos. Estas princesas, tras largas y frías noches, han atrofiado sus tiernas voces y las han convertido en larguísimos y roncos baladros. Todas las noches, sus dueños, el “Chino” y Alfonso, las sacan a respirar. La vitalidad de sus veinte años los vuelve todopoderosos, inalcanzables. Dan la señal y ronronean sus damas. Al escucharlas, la señora Juana, desde el interior de su cuarto iluminado, se perturba precipitadamente; parece que las venas de sus manos van reventar. Su pálida y arrugada piel se vuelve roja y algunas gotas de sudor enfrían penosamente su caldeada tez. Sólo unas pepitas blancas encarceladas en un frasco anaranjado la pueden calmar. Se traga dos y la doña vuelve a su moribunda languidez.

La señora Juana del Pilar Pérez de la Fuente y del Solar carga setenta y dos inviernos sobre su espalda. Le resultan pesados y agobiantes. En el más largo que le ha tocado vivir, cuenta con una compañera cotidiana e indeseable: la hipertensión. Afuera, en la calle, la bulla se ha detenido… por ahora. Las alarmas de los carros, débiles ante la presencia de estos caballeros, recobran la compostura y vuelven a su silenciosa guardia. La señora Juana se siente inquieta y sale a pasear. Sobre un murciélago atraviesa las calles de Trujillo: las pistas húmedas y silenciosas de California, el parque grande y enmarañado –seco por la estación –y la César Vallejo que parece saqueada. Voltea para responderle a la voluptuosa sirena, pues algo le ha murmurado. Continúa por toda la avenida Larco hasta llegar al grifo del óvalo. Víctor Raúl ha quedado en penumbras. En el grifo, una terrible canción lanza abiertamente un sentimiento de amargura: “¡Ojala que te mueras!” repite el cantante descorazonado. Los muchachos que están ahí se divierten con el desencanto del trovador, lanzado por el moderno stereo de uno de sus autos. Doña Juanita vuelve a lo suyo: el paseo sobre el murciélago.

Al doblar a la izquierda y luego seguir de frente, la señora Juana se topa con la imponente Cruz Papal. Le pide al murciélago, como Dante al alado Minos, que la deposite sobre esa fría estructura, en la parte superior del estribo. Observa que abajo, en la pista, hay movimiento y quiere saber qué pasa allí. Doña Juana, pese a tener problemas para distinguir las cosas, percibe perfectamente los rostros de los muchachos. En la pista, varios jovencitos se han reunido por ser jueves, aunque a estas horas, más que jueves parece viernes. Juana escucha un estridente ronroneo a los lejos, piensa que otra vez son ellos. La sangre vuelve a agolparse en su cuerpo. Sin embargo, no son esos despiadados motociclistas; esta vez, el sonido es expelido por un Toyota Tercel y un Honda Civic.

Christian Ortecho y Alberto Martin Beuermann son los dueños de los carros. El de Christian es pequeño, de color guinda y con un stereo simple. El otro es un Samurai Murciélago, mantiene los 150 Km. tranquilamente…¡todo un fierrazo! Un tacómetro sicodélico marca las revoluciones del motor en el momento en que su dueño presiona delicadamente el acelerador, cuya forma semeja una llamarada.

Doña Juanita está deslumbrada. Suelta sus largas trenzas como si fuera una moderna Rapunzel y aterriza. Hay cuarenta personas en toda la avenida, tienen la piel erizada y parecen brillar en la oscuridad. Están alertas, temen que la guardia blanca les malogre la performance. La anciana se acerca tímidamente al corrillo de muchachos y observa la pista de combate. Una joven de jeans apretados y polo con tiritas es la starter. En medio del Honda Civic y del Toyota Tercel, alza la mano y ellos pisan el acelerador. Ambos carros parten hacia el horizonte. Doña Juana nunca vio semejante show.

Pasada la emoción, la señora Juana intenta hablar con uno de los corredores. Se abre paso entre la multitud y logra llamar la atención de uno de estos neoídolos. Francisco Grüner, dueño de un “batimovil” Toyota Supra de finales de los 90, tiene 21 años y además de los carros, siente fascinación por bucear. La anciana, curiosa por conocerlos, le pregunta qué exigencias demanda ser un piquetista.

“Para serlo –le responde Francisco a la anciana –el requisito, es tener un auto y sentir intensamente el vértigo del fierro. Momentos antes, por cierto, nos reunimos para tomar unas chelitas y definir las condiciones del pique”. La señora Juana ahora sabe dónde y por qué veía un destello amarillo mientras sobrevolaba en el lomo del murciélago.

El pique ha terminado. La rapidez y la furia se han fusionado en una ilusión supersport. Christian, en su pequeño Toyota guinda, ha ganado. Está eufórico y jocoso. Emocionado, abraza a doña Juanita. Ella sonríe nerviosamente y no sabe qué hacer, está cargada de un cúmulo de emociones. Ha descubierto la extraña pasión de estos muchachos por los autos y los piques. Christian le comenta que esta noche hay más gente porque lo hacen de manera ilegal. “Cuando son legales –le informa –los hacemos en el Parque Industrial, pero nadie nos da bola. Hace unos días organizamos piques legales y sólo fueron 10. A los peruanos nos gusta la informalidad, no queremos ser derechos”.

Mientras conversan, Alberto, conocido como Lolo, se acerca a Christian para felicitarlo, pues en los piques no hay rencor. Entre risas y chelas, a doña Juanita se le escapa un pensamiento que los muchachos logran leer. Dentro del globo blanco, una pregunta, resaltada en negrita, pone en duda el espíritu aventurero de estos muchachos. Doña Juana quiere saber por qué estos corredores nocturnos nunca se han aventurado a correr sobre las carreteras. Lolo, que ha leído el pensamiento, le dice que eso es muy arriesgado y peligroso, que pese a ser un hobbie de irresponsables, tratan de mantener sus precauciones. La señora Juana del Pilar Pérez de la Fuente y del Solar, avergonzada, enrolla su interrogante y se cuida de no decir, ni pensar, cosas que la ridiculicen otra vez.

Son las cinco de la mañana. La doña decide caminar toda la avenida Juan Pablo II, quiere despejarse. Se siente hiperactiva, aunque sólo se limite a transitar. Es hora de volver, pero no llama a su fiel murciélago, pues teme que de pronto amanezca. En el camino, repentinamente un taxista se ofrece a llevarla. “Vamo` abuelita, la jalo por ahí”. La anciana, desolada, pálida y con los ojos emblanquecidos, voltea y asiente con la cabeza mientras se acerca al tico. Van camino al Golf, por San Andrés. Llegan a la avenida Larco y doblan en Fátima. Una vez en Los Ángeles, Juana y el conductor se encuentran con “El Diablo”, otro taxista, amigo del chofer. Se saludan por el Waking Talking y se retan a una carrerita, la última de la noche. Doña Juanita del Pilar se anima, también está lista. Saca de su sostén un par de gafas oscuras, una pañoleta azul marino con puntos blancos y una boina de cuero negro. Coquetona, se los pone. Está lista para su última aventura, los 200km por hora. Sonríe y saca su lengua. Pero al arrancar los carros, unos decepcionantes 80km/h la hacen volver a su triste realidad: va sentada en un tico manejado por un cuarentón que quiere plagiar a los insuperables renegados del Óvalo Papal. A su lado, este de aquí, es tan sólo una patética imitación.

Juana ha llegado a la puerta de su casa, la primera de la cuadra seis de la Avenida El Golf. Los caballeros de la noche también vuelven a sus guaridas. No tienen rostro. Sus damas ronronean por última vez y la doña piensa que, de haber un semáforo en medio de la avenida, seguramente les daría a estos camorristas –a manera de tregua –tres luces blancas: lánguidas, cansadas y rendidas. Doña Juanita del Pilar Pérez de la Fuente y del Solar está en su cuarto echada en su catre triangular. Hace memoria de lo que hoy ha vivido y cierra sus ojos. Está agotada, pero al fin relajada. Intenta dormir. De pronto, se siente cercana al cielo raso, como si éste fuera el piso. Asustada, abre los ojos pero se los tapa con las manos. Entre sus dedos forma una pequeña abertura. Es medio día y afuera brilla la resolana. Doña Juana ha dormido más diez horas.

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sábado, 5 de julio de 2008

Jugarretas Despiadadas

Hace unos meses, en la presentación de los Cannes, Steven Soderbergh estrenó su último film titulado Guerrilla. En él, el actor puertorriqueño Benicio Del Toro encarnó al ahora “marketeado” Che Guevara. Del Toro aseguró sentir temor por la vida de Ernesto, ya que estudiarla es un constante descubrimiento y aprendizaje. Sin embargo, Soderbergh declaró que el idealismo del Che es un gran material de película que merece ser explotado al máximo.

Herbert Marcuse, un filósofo al que se le atribuyó la paternidad del movimiento hippie –manifestación absorbida por la mercadotecnia –aseguraba que, refiriéndose a la ebullición de los ideales setenteros, la contracultura está condenada a ser integrada por la monotonía del consumo que impone el sistema capitalista. La gente ha perdido su capacidad crítica y todas las masas van en una misma dimensión: el consumismo a gran escala. La oposición ya no existe porque, de manera sutil, ha sido tragada por la publicidad que vende un nuevo estilo de vida en el que todo parece ser very nice. Este sistema se ha valido de la manipulación de los deseos y las necesidades de las personas para poder lograr su propósito. Debido a esto, es normal ver, hoy en día, modas al “estilo hippie”, somos “anarquista” con nuestros padres, manifestamos nuestra “rebeldía” al llegar dos horas tarde de la discoteca, encontramos “punkers” maquillados y perfumados –obsoletos en el resto del mundo – y reggetoneros que regalaron su dignidad para alienarse con bulla, carros y piques –un complejo copiado de los norteamericanos –.

Otro gran pensador, Umberto Eco, en su último libro “A paso de cangrejo”, adjunta un artículo que habla sobre la carnavalización de nuestras vidas. Eco asegura que todo individuo necesita el juego como medio distractor y herramienta de aprendizaje; pero el juego, afirma, es más placentero cuando se practica sólo de vez en cuando e intensamente; es por ello que las viejas culturas -remotamente civilizadas, por supuesto –crearon al Carnaval. En la actualidad, nosotros, faro de la tecnología y creadores del cybermundo, hemos carnavalizado nuestras acciones y pensamientos. Desde la falta de vergüenza y lucidez como para atrevernos publicar nuestros escuálidos problemas a la gente, que por cierto, les importa un pito, hasta el goce de la degradación de nuestros ideales y de las personas a las que les tenemos una pizca de admiración. Ya no nos interesa el foodball, ni tampoco los deportistas –que cada vez se intoxican con más drogas y estimulantes para poder producir de manera anormal –sino los espectadores, las canchas, las zapatillas y los modelos. Ya no interesan los discursos presidenciales, sino los presidentes, sus prostitutas, sus liftings o sus “teteitos”. Ya no interesan los ideales de los grandes pensadores, sino sus vidas, sus secretos y el plató.

Para finalizar, no podría imaginar al Che, a Frida, a Joan d`arc, a Michelangelo, a Cleopatra, a la Piaf o a otras víctimas del consumismo presenciar sus vidas a través de una pantalla mercadotécnica, sabiendo que en la actualidad sus pensamientos, arte y filosofía son elementos de entretenimiento para una sociedad adicta a la carnavalización.

Poeta en el sonido



“Benedetto Croce decía que hasta los dieciocho años todos escriben poesía. De los dieciocho años en adelante, dos categorías de personas escriben poesía: los poetas y los cretinos. Es por ello, que personalmente prefiero considerarme un cantautor”. Un hombre que mantuvo la lucidez de sus pensamientos, que tocó los sentimientos del ser humano, que vivió intensamente y plasmó cada hecho en sus canciones. Fabrizio de Andrè, uno de los más grandes trovadores de los últimos años.
Sin pretensión de querer exagerar, Fabrizio De Andrè es un poeta de su tiempo. Cantautor que se negó al éxito momentáneo y al culto de las grandes masas. Un hombre anarquista que prefirió la dirección contraria, obstinada, y luchó contra la hipocresía social; un cronista de los pescadores, las putas, los culpables y los vagos, De Andrè es, sin lugar a dudas, un grande entre los grandes. Sólo basta dejarse llevar por las melodías de sus canciones para comprender su talento. Pero además, si entendemos sus líricas, nos sumergimos en sus personajes y entendemos la fuerte carga de sentimientos, se confirma de manera casi perturbadora el arte de este genovés.

Nacido en el 40, De André se formó en el seno de una familia humilde pero con mucha riqueza cultural. Sus primeros años los vivió en la provincia de Asti, al norte de Italia. Tiempo después, volvió a Génova para estudiar. Se graduó en la escuela superior y se interesó en particular por la poesía, la música y el teatro. En esta época, entabló amistad con Luigi Tenco, Bruno Lauzi y Paolo Villaggio, personajes que también conseguirían la fama a través de la música.

Pese a su afinidad por el arte, Fabrizio decide postular a la facultad de leyes. Sin embargo, en el transcurso de su carrera, canta en grupos de jazz y compone algunas líricas bajo la influencia de George Brassens, trovador francés de los 40 -llega a traducir muchas de las canciones de Brassens como Le Gorille (Il Gorilla) -. Grabó sus primeros discos a los 18 años, pero el gran éxito llegó en los años sesenta con La Canzone di Marinella, cantada a dúo con Mina. “Si una voz tan dulce no hubiera interpretado “La Canzone di Marinella”, con toda probabilidad habría terminado mis estudios de derecho, y ahora sería abogado. Doy las gracias a Mina por haber barajado las cartas a mi favor…".

Para la segunda mitad de los años sesenta, De Andrè realiza un verdadero "trabajo de músico". Interesado en su entorno social, el disco “La buona nouvolle” manifiesta abiertamente el conflicto que sufría con los dogmas de la iglesia católica. Basado en los libros apócrifos, De Andrè, siempre con un concepto sincero y humano, planteó una percepción distinta de la Virgen María, Jesús y, en especial, de María Magdalena. En sus canciones, evidencia los temores de un hombre que será colgado, la dulzura de una prostituta y los verdaderos intereses de una madre. El disco, a los pocos meses de ser lanzado, fue censurado y causó controversia en la Europa sesentera.

Pecados de Fabrizio

El periodo Karim se nombró a la primera fase de la carrera de De Andrè. Al final de los sesenta y con toda la ebullición del 68, Fabrizio cerró este periodo con el álbum “Peccati di gioventù”. En este disco, el cantautor italiano recopiló sus grandes éxitos, desnudando sus sentimientos y el estado de ánimo en el que se encontraba.

La vida de De Andrè había sido fuertemente golpeada debido al suicidio de su amigo Luigi Tenco. La depresión lo abrumaba y por eso, en la mayoría de sus canciones, Fabrizio cuenta tristes historias de presos, romances rotos, hombres de guerra y viudas desamparadas. Sin embargo y, pese al dolor que lo acongojaba, no dejó de lado la sátira en sus líricas y la ternura en sus historias.

El tratamiento sonoro de este disco fue de primera. Valiéndose de la simplicidad tecnológica, De Andrè pudo enfatizar en la mezcla de instrumentos folclóricos con ritmos modernos. Canciones como Il Fannullone, La Ballata del Michè, La città vecchia y Fila la Lana, muestran de manera sutil y verdaderamente placentera la fusión del vals con la tarantella. Instrumentos como a la bandolina, la guitarra, la flauta traversa y la flauta dulce acompañan de manera épica la suave y ronca voz de De Andrè. Sin embargo, en canciones como Geordie, La canzone dell´amore perduto y La Ballata dell´amore cieco, el jazz, el rock y algo del pop dominan estas canciones.

De Andrè no sólo mostró una tendencia melómana, sino una poesía evidente, desde el encaje de las rimas en cada estrofa, hasta la profundidad sentimental de sus historias. Es por ello que uno no puede dejar de mortificarse con el torpe de La Ballata dell´amore cieco que hace de todo, incluso morir, para conseguir la atención su amada. Resulta imposible no lloriquear con la historia de una pareja que tuvo un repentino amor en La canzone del amore perduto y es un hecho deprimirse luego de escuchar la historia de Michè, Marinella y de la dama abandonada que lamenta la muerte de su marido en Fila la lana.

Para los años sesenta y setenta, el concepto de héroe guerrero había sido idealizado por los viejos europeos y norteamericanos. La gente veía a los sobrevivientes como grandes hombres y a los muertos, como grandes santos. Fabrizio, siempre con distintas propuestas, abordó el tema del héroe y la guerra desde un punto de vista más sincero, más crudo. La histoia de Piero: el soldado que no sabe por qué está en la guerra y por ello se siente iracundo, muriendo tan rápido que no pudo darse cuenta de que es "carne de cañón". De igual forma, la esposa que esperaba el regreso de un soldado vivo y no de un héroe muerto en La Ballata dell´eroe, dejan un conflicto referente a nuestros valores patrios y un vacío en nuestras vidas.

Años después, Fabrizio siguió fiel con su estilo de trova, pero también probó la fusión de nuevos ritmos. Frases como “aquello que no tengo, es aquello que no me falta” fueron acompañadas con ritmos countries y, canciones como Bocca di Rosa e Il Pescatore, se convirtieron en el símbolo de las meretrizes, los bandidos y los miserables. Tiempo después, el sindicato de prostitutas, agradeció formalmente a De Andrè por su interés hacia ellas.

“Siempre he pensado que hay poco mérito en la virtud y poca culpa en el error. También porque hasta ahora no he comprendido bien que cosa es exactamente la virtud y que cosa es exactamente el error. Si nos trasladamos en el tiempo vemos como los valores se convierten en desvalores y viceversa. Es cuestión de transportarnos en el tiempo: había una moral en el medio evo que ahora es absolutamente rechazada. Hoy nos lamentamos por el gran tormento sobre la pérdida de valores. Yo pienso que los jóvenes de ahora nos es que no tienen valores, tienen sus valores que seguro nos rehusamos a comprender porque estamos muy aficionados a los nuestros”.

Para el 98, Fabrizio de Andrè realizó un concierto de dos días (13 y 14 de ferbrero) en Teatro Brancaccio de Roma. Tocó los éxitos de toda su trayectoria musical. Al año siguiente, murió. Sin embargo, y pase a ser casi diez años de su desaparición, Fabrizio sigue colándose en las nuevas generaciones. Quizá, cada vez con más dificultades, tal vez con menos interesados, pero sí con mayor influencia en los pensamientos y estilos de vida. No queda dudas, entonces, que Fabrizio de Andrè es el trovador que hizo poesía con el sonido.
Algunos links para que puedan conocer la música de Fabrizio (cuando aprenda, los adjuntaré en esta web)
Todos los videos adjuntos son de su último concierto en Roma.
(Il pescatore)
Como todo aparato neotecnológico, el YouTube también es un visio. Y como todo visio, si les gustó estas canciones de Faber, pueden encontrar muchas más en los enlaces.

Sendero Mato Grosso


La obra de los sacerdotes que dirigen la Operazione Mato Grosso se puede resumir en una sola frase: convertir a fariseos en cristianos de acción. Desde hace treinta y seis años preparan a jóvenes de las zonas rurales de Ancash en labores agrícolas, de carpintería y de apoyo social. Lo curioso del caso es que los adeptos siguen una consigna que podría pasar por acto de locura: "Deja tus coasas, regala tu tiempo libre, apoya con tu sueldo, sé solidario".


Iglesia de Chacas - Ancash


El 1 de octubre de 1992 el sacerdote italiano Giulio Rocca fue asesinado por el Sendero Luminoso. Su compañero y compatriota, Daniele Badiali, escribió una carta dirigida a su superior, Ugo de Cenzi, refiriéndose al doloroso suceso. El mensaje terminaba con la siguiente frase: “Jesús premió a Giulio con una muerte parecida a la suya. Coraje, nuestro camino lleva a la santidad más perfecta, al martirio. La Operazione Mato Grosso nos prepara para morir”. Poco tiempo después, el padre Badiali fue secuestrado y asesinado por las huestes de Abimael Guzmán, remarcando crudamente los desafíos de ser misionero.

Badiali y Rocca pertenecían a la Operazione Mato Grosso (OMG), una organización fundada por Ugo de Cenzi que combate activamente la pobreza y el individualismo sudamericano. Nacido en Polaggia, un pequeño pueblo de la provincia de Sobrio, Italia, De Cenzi ha dedicado toda su vida al trabajo educativo con adolescentes difíciles, sin familia y con problemas de conducta. Al final de los años sesenta de padre Ugo, luego de la visita de Pietro Melesi –sacerdote en Brasil –se interesa particularmente por América Latina y en 1967 envía al primer grupo de jóvenes a apoyar la zona del Mato Grosso. En el 72, se establece definitivamente en nuestro país y de ahí en adelante realiza un constante trabajo de campo en las zonas más pobres de la sierra peruana.

Giuseppe Colombo, un joven italiano, hace cinco años que es un matogrossino. Cuenta que en un viaje al Perú se enteró de la OMG y del sello que tenía esta obra. De regreso a Italia, se interesó de manera particular por este movimiento y decidió trabajar activamente en él. A mediados del 2006, casado y con una hija, él y su esposa decidieron venir al Perú y apoyar la misión por un periodo de año y medio.

“Lo que más me ha tocado el corazón es la ayuda gratuita y la solidaridad hacia los pobres que el Padre De Cenzi da a través de su obra”. Comenta Giuseppe.


La OMG realiza dos trabajos paralelos. El primero, en Italia, consiste en la recolección de recursos económicos y alimentarios. El segundo, en América Latina, apoyando activamente las obras realizadas. Los mismos jóvenes que colaboran en Italia, vienen en el verano y por un periodo de cuatro meses trabajan en el Perú. Con frecuencia, los misioneros de la Operazione Mato Grosso deciden quedarse por varios años e incluso algunos se establecen de por vida, superando las duras pruebas a las que el entorno andino los somete, como ocurre en la zona rural de Huaraz, Carhuaz, Huari donde están desde hace más de treinta y cinco año.


En estos lugares, con el párroco de Quirvilla, un pueblo que está a 2 200 m. s.n. m., la OMG se dedica a recaudar fondos. A su vez, da trabajo quincenal a más o menos 30 obreros en labores agrícolas, ofrece el servicio de Oratorio, da catecismo a los chicos y dirige el taller de artesanos Don Bosco. Este último es particularmente interesante por sus trabajos y proyección.

El 19 de mayo este taller inauguró una exposición denominada “Los dones del sol” que tuvo como escenario la Ex- Iglesia Compañía de Jesús, en Trujillo. Al ingresar en el oratorio de tendencia barroca, la primera pieza que recibe al espectador es una impactante repisa de dos cuerpos, cuya parte superior está unida por un delgado puente que muestra el hermoso tallado de un dios precolombino. Sobre esta estantería, un sonriente Sol, del mismo estilo y labrado en cobre, da la bienvenida a los asistentes.

Al atravesar este portal, el montaje realizado por la arquitecta Rosa Colombo presenta, a diestra y siniestra, pequeños ambientes que nos remontan al concepto del hogar. La primera pieza es un juego de comedor tallado en pino. Su belleza radica en la locura del diseño del aparador, una media luna es la inspiración. Esta pieza es estéticamente complementada por los detalles de las sillas –pequeños escalones tallados a mano –que destacan de manera sutil los conceptos estéticos de los antiguos incas.

Los artesanos del taller Don Bosco, graduados en carpintería y con un ilustrado criterio del arte, no sólo se inspiran en las culturas del incanato. En un espacio cálido y privado, hay una pequeña representación de un altar que embeleza a los espectadores. El ara, tallado todo en caoba, muestra detalles de olmos de trigo hechos en pan de oro por un virtuoso artesano, quizá un maniático de la belleza. Sobre las paredes, como complemento a esta pieza, varias figuras de la Madonna, del Cristo y de San José adornan inocentemente el ambiente y muestran, de manera cándida, su tendencia naïf y prerrenacentista.

Siguiendo el recorrido, en el centro de la iglesia, una curiosa licorera es la protagonista de todo el evento. Su extraña forma puntiaguda, los finos tallados con motivos preincas y la atípica forma de abrir los compartimentos, son puntos de atracción que dejan anonadados a los espectadores. Si algo caracteriza las piezas estos artesanos, es que nada se desperdicia. En las pequeñas mesas, los adornos cincelados sobre el mármol acompañan perfectamente los tonos oscuros de la caoba.

Por último, en lo alto de la Iglesia, seis sillas adornadas con peculiares detalles son las reinas de la exposición. Con respaldares rectangulares, de media luna y en forma de numeral, cada una muestra una personalidad propia, y en conjunto, se vuelven una seductora pieza de arte. Sólo queda agregar, que el ensamblaje de las piezas en cada obra son unidas entre si. Ninguna necesitó de clavos, pegamentos u otro elemento externo. Sutilezas de una ebanistería producto de la fusión entre la capacidad peruana y la vieja tradición de una Brianza carpintera.

Hemos conocido –a grandes rasgos –la fuerte influencia de la Operazione Mato Grosso. Personas que han optado por dejar su mundo, cargado de comodidades y excesos, realizan día a día una obra concreta a favor de los pobres. Un trabajo de fatigas y retos, pero de sinceridad y apoyo. De verdaderos misioneros que se soltaron de la familia, las parroquias, la nación y escogieron el camino de los hechos.

Algo que resaltó Giuseppe Colomo del padre De Cenzi fueron las palabras de motivación para sus jóvenes: “Deja tus cosas, regala tu tiempo libre, apoya con tu sueldo, sé solidario”. Una lección que hoy por hoy va a contra corriente, pues pretende integrar a la gente en vez de hacerla individualista. Un discurso que escandaliza a los profesionales y a los seudo creyentes; un consejo utópico y alquimista. Una alquimia que ansía convertir a fariseos en cristianos de acción.


Con la investigación de Emilie Kesch
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domingo, 15 de junio de 2008

Cyborgs Criollos

Dédalo se puso a trabajar y fabricó sus alas. Entrelazó las plumas, desde las más pequeñas hasta las más extensas. Con sogas y cera unió su novedoso artefacto. Terminado el invento, batió alas y se elevó en los aires. Luego de asegurarse del buen estado de su creación, bajó, equipó a su pequeño hijo, Ícaro, y le enseñó a volar advirtiéndolo de dos cosas: no hacerlo demasiado alto, pues el calor del sol derretiría sus alas, ni demasiado bajo, porque las aguas del mar atrofiarían el invento. En aquel momento, padre e hijo se lanzaron a volar.

Cruzaron de Lebintos a Delos
y entonces, Ícaro, emocionado, ascendió como si quisiera superar el infinito. El ardiente y despiadado Sol ablandó la cera de sus alas y las despegó. El joven, invadido por el pánico, intentó flotar con sus brazos. La escasa cobertura no pudo sostenerlo y precipitadamente cayó al mar. Dédalo lloró su pérdida y maldijo la ciencia que lo había permitido crear aquel mortífero artilugio.…Desde épocas remotas el hombre se ha enfrentado a diversos infortunios reduciéndolo a la condición de una criatura minúscula e impotente. No obstante, siempre astuto, se las ha arreglado para implementar y repotenciar su cuerpo. Para ello, se ha valido de adminículos externos, como las prótesis, gracias a los cuales ha incrementado y transformado a veces de modo irreconocible su apariencia o sus órganos internos.

En Trujillo, en la sexta cuadra de Bolognesi, se encuentra el único centro de prótesis. En un lugar signado con el supersticioso número 666, la distribuidora DESERT vende productos de diversos diseños. Su taller está ubicado al lado, al fondo de una cochera. Cruzando varios diminutos centros de salud, a la mano derecha y de manera casi camuflada, se encuentra el taller del señor Juan Carlos Salcedo. Este hombre, experto en su oficio desde hace una década, conoce perfectamente los artefactos que elabora, el proceso de adaptación en los pacientes y las características particulares que demandan cada una de ellos.

Las prótesis de ahora –cuenta –son de plástico para que resulten más livianas. Antiguamente se hacían de fibra de vidrio y eran incómodas para el cliente. Ahora esta industria o tecnología, ha avanzado a tales pasos, que es posible encontrar incluso manos mecánicas y otras prótesis sofisticadas que ayudan considerablemente en el día a día al paciente. Para las piernas –comenta –es otro proceso. Según el estado y características orgánicas del paciente se crea la prótesis. Si se trata de un diabético, la presión que ésta deberá ejercer será mínima. Pero si el paciente perdió el miembro en un accidente, la presión será más bien un medio de equilibrio. Con masajes y terapias, el muslo restante se reduce para encajar perfectamente en el orificio, se prepara además los riñones y se trabaja minuciosamente el equilibrio para una buena coordinación.

Juan Carlos Gálvez tiene 32 años, es una especie de cyborg criollo. Por cosas de la vida, perdió su mano izquierda hace un par de meses. José Augusto, con quien comparte el horario de rehabilitación, es un hombre de 52 que extraña mucho los chocolates, sobre todo los que vienen rellenos con pasas borrachas. Debido a la diabetes, tuvo que cancelar su edulcorado vicio y asumir una nueva labor: aprender a caminar sin una pierna. Ambos se reúnen un día sí y otro no en el pabellón A del hospital Belén. Las enfermeras refieren que en este pabellón se ubica a los discapacitados que buscan asumir una nueva situación. En el periodo de seis meses y debido al constante apoyo psicológico y terapéutico, afirman que la persona que perdió un miembro se encuentra lista para usar una prótesis.

Juan Carlos, un hombre callado y de respuestas cortas, refiere que ya le tomaron la medida de su muñeca para que encaje en ella el “remedo” de su mano anterior. “Ahora estoy usando un guante similar a mi prótesis. Debo acostumbrarme a su peso y a la idea de contar con algo que no es mío”, asegura. Sus ojos, pequeños y oscuros, revelan lo duro de la situación desesperada que le ha tocado vivir. Lleva dos meses aprendiendo a usar su prótesis de la misma forma que viene educando su mente y sus sentimientos para adecuarse a su nueva realidad.
El señor José Augusto, según cuentan las enfermeras, se ha dejado el bigote. De frases graciosas y voluntarioso, con el pasar del tiempo ha aprendido a manejarse muy bien con una prótesis en la pierna izquierda, que perdió a raíz de un shock diabético. Para don Pepe, el uso de la prótesis fue algo complejo, ya que tuvo que aprender a pararse, equilibrarse y dar pasos con un objeto ajeno a él y que se mueve con rigidez. Sin embargo, ejecuta su rutina cotidiana negándose rotundamente al uso de algún otro soporte exterior. “Con los masajes he podido soportar la presión de la prótesis, con los ejercicios a manejarla y con la terapia a asumirla. Ahora puedo andar casi, casi como antes”. Asegura además que usar una prótesis a veces puede ser ventajoso. Cuando sale de rumba con su mujer puede cambiar, si de eso se trata, una chillona salsa por un romántico vals; cosa que antes, “era imposible siquiera de pensarla”.

Los implantes no necesariamente son externos. Muchas veces los cyborgs criollos se encuentran entre nosotros y pasan absolutamente inadvertidos. Uno de ellos, por ejemplo, es Ana María de 26 años quien decidió, como toda la manada de mujeres alienadas por el culto al cuerpo, mejorar considerablemente la forma y el tamaño de sus senos. Para ello, recurrió al clásico implante de siliconas y a una supuesta cirugía menor. Un corte en el pezón, un par de bolsas de silicona y un peeling ad portas son los pasos para tener un par de agradables y redondeadas mamas. Para ella, este cambio radical no fue nada molesto, y pese a estar consciente de tener un elemento extraño en su cuerpo, muchas veces lo experimenta como parte de sí misma. “De hecho, los primeros días sientes que los senos te pesan como no tienes idea, incluso yo me los sostenía con las manos porque sentía que se me iban a caer. Pero, conforme pasa el tiempo y te haces diversos masajes, las cosas van mejorando hasta que te acostumbras”.

Los implantes internos no se limitan sólo a mejorar la estética, sino también las funciones del cuerpo. Las prótesis dentales, por ejemplo, utilizadas en el mundo antiguo y luego por los nobles del medio evo, son la alternativa más cómoda y funcional para quien quiera recuperar o mejorar su estado maxilar. Para la señora Lourdes, de ochenta y dos años, usar la prótesis fue todo un reto. Cuenta que al principio la presión de la corona le resultó fastidiosa y extraña, le incomodaba para hablar o para comer. Pero con el tiempo su cavidad bucal se adaptó. Ahora esos dientes postizos son como si fueran parte de ella misma. Es por ello que quizá, el sacárselos o limpiarlos le resulta siempre un tanto incómodo. Cuenta la señora Lourdes que para ella es antiestético ver sus dientes flotando dentro de un vaso. Incluso, su limpieza le parece a veces vergonzosa. “cuando estoy en un baño público, espero que haya poca gente para limpiar mi dentadura y, cuando no hay remedio, me la quito y finjo lavarme las manos con ella dentro. Es bochornoso no porque evidencie que soy vieja, sino porque siento que una parte de mí está fuera de su lugar”.

Con frecuencia, las prótesis pueden jugar malas pasadas. De hecho, es extraño tropezarse con una pierna falsa o saludar sin sentir el apretón de manos; pero de todas, la más graciosa, debe de ser perder la dentadura mientras se hace el amor. Sin embargo, ya sea por un accidente o por el paso del tiempo, todos estamos irremediablemente condenados a ser una suerte de cyborgs. Desde gafas y bastones, hasta dentaduras postizas, bisoñés y auriculares, el hombre se las ingenia para sustituir sus carencias y mejorar su aspecto.



Con el apoyo de Emilie Kesch
Publiocado en Día30

domingo, 30 de marzo de 2008

Barbaries de los civilizados. Escrito por: Orietta Brusa

Hay moda y moda. Lo más importante es seguirla. En Trujillo ya somos muy “in”: estamos llenos de malls, esta especie de moderno paraíso terrenal donde todos podemos soñar de pertenecer al primer mundo… En el mismo tiempo, contradictoriamente, seguimos otras modas: la ecología, el ambiente, la protección de la fauna salvaje, la lucha a la contaminación. ¡Qué bonito! ¡Cómo somos modernos!

Por supuesto, cuando se habla de fauna, nos referimos al panda gigante, al leoncillo, al oso perezoso, a los dragones de Komodo y a cuantas otras criaturas vivan bien lejos de nuestro hábitat y no nos molestan en lo más mínimo. Cuando se habla de animales domésticos, el discurso cambia. Por ejemplo: el perro callejero, producto de la incivilidad, del egoísmo y de la ceguera humana, además de la concepción tolemaica del universo: el humano al centro de todo y con derecho a todo. Los animales son abandonados por muchas razones: el dueño “descubre” que el cachorrito que compró para divertir a sus hijitos, no es un peluche y por lo tanto come, jugando hace daños (como todos los cachorros y humanos, también), ladra, orina y defeca. Por lo tanto, molesta y lo bota. Se enferma y no vale la pena gastar para él, mejor “desecharlo”. O descubre que el perro fino, carísimo y otro símbolo de su status, es mucho más fino que él mismo...
Personalmente tengo cuatro perros, recogidos medio muertos de hambre y de enfermedades. Hasta ahora, gracias a San Francisco, los vecinos no se han quejado, menos una, la clásica “dama” de oropel (¿será pariente del sofisticado Comandante que quiere desalojar el refugio Amigo fiel o es sólo otra que no conoce aún la revolución copernicana?). Los pobres animales sufren penas horribles y, en vez que despertar la compasión en los tiernos corazones humanos, suscitan molestia y asco. Si alguien los recoge y los cuida, es un loco fastidioso y peligroso para la salud humana.

En muchos países, sobre todo católicos, donde la mayoría tiene esta mentalidad, las autoridades han intervenido para poner multas muy fuertes para el abandono y el maltrato de los animales. Hace poco una jueza alemana ha condenado a siete (7) meses de cárcel efectivo a un tipo que ha matado su gato tirándolo por la ventana: una persona tan descontrolada y violenta que se desquita con un animal indefenso, tiene que ser castigada. La jueza ha rechazado de pactar una multa de 1000 euros (más o menos 4200 soles): la plata no compra ni la cultura ni la civilización. Todas las municipalidades tienen perreras donde se recogen y se cuidan los animales callejeros. Aquí, nuestras “modernas” autoridades, siempre listas a pedir y aceptar plata de Europa para sus megaproyectos del desarrollo, tienen la simpática costumbre de envenenar periódicamente a los perros callejeros. Los pobres son penalizados dos veces: una, por ser abandonados por hombres más brutos que ellos; dos, porque en vez que castigar al que comete un acto de barbarie, son castigados ellos por ser víctimas. O sea, en una situación humana, se va a la cárcel el que sufre un robo y no el ladrón. Esas autoridades, en un país civilizado, ya estarían en la cárcel. Aquí, justamente, son representativas de su pueblo y administran el poder.
En Trujillo, como en otras ciudades del Perú, hay grupos de personas que crean refugios, por supuesto con la contribución privada y voluntaria de unos pocos ciudadanos humanitarios. Los refinados vecinos se quejan. ¡Qué horror! Los animales ladran (¿Nunca han escuchado el ruido que producen los humanos con sus cláxones, carros, fiestas hasta las seis de la mañana con música a todo volumen?) y ensucian (¿Serán los excrementos de los perros que producen la contaminación que está destruyendo el planeta?). Creo que ni un brontosauro con un ataque violento de diarrea pudo producir tanta contaminación como la común y corriente ama de casa que usa, para limpiar su preciosa guarida y atender a sus seres queridos, tantos desperdicios químicos: detergentes, ambientadores, pañales desechables, contenedores de plástico, etc...etc.
Los pocos civilizados que tratan de proteger a los últimos de la tierra, son perseguidos por bárbaros egoístas disfrazados de ciudadanos responsables preocupados por la higiene. Una vez pasaron en la televisión la protesta (manipulada) de un grupo de gordinflonas, arrastrando sus críos flacuchos, contra un refugio de perros que “comprometía la salud de los niños”. Pagaría para ver el tipo de higiene que estas damas practican en sus hogares, saber cuánta comida chatarra se tragan sus criaturas, así como me encantaría medir la cantidad de contaminación que producen con todos sus artefactos y su estilo de vida. El asbesto, que ha sido prohibido en todo el mundo hace 30 años por cancerigeno, se usa normalmente en las viviendas. Las gaseosas con colorantes tóxicos se transforman en la bebida nacional y los niños se las tragan proporcionadas por los precavidos padres. Hablando de higiene ¿Cuántos en una reunión toman del mismo vaso y, quizás, luego besan a sus críos? Tal vez el primero de la gira tenga tuberculosis, el segundo herpes, el tercero hepatitis…

Otro papel interesante es el que juegan las autoridades: no hay una sola perrera en todo el país. Los perros que están en la calle y ahí mismo pueden enfermarse y morirse hasta que no molesten a los humanos, entonces los envenenan. No hay multas ni medidas de protección hacia los animales. Justamente los ciudadanos no piden (ni hay espacio en su cabecita medieval para esto) el cuidado de los animales que sería, en el mismo tiempo, el cuidado de los humanos. ¿Se imaginan que pasaría en Trujillo si la municipalidad presupuestaría un gasto fijo para mantener una perrera? El primer grito sería el muy hipócrita “¿Y los niños pobres?”. Los niños pobres no se han caído de la luna. Si sus padres tendrían un trabajo digno, las empresas “socialmente responsables” no tendrían que practicar la “virtud” de la caridad ni el alcalde interpretar el papel de “benefactor”.

Ciudadanos de buena voluntad quieren humanizar el centro histórico. ¿Además de restaurar las casonas, prohibir el ingreso de los carros y estrenar actividades culturales, no sería humano saber que uno puede pasearse sin encontrar perros abandonados en situaciones penosas? ¿Qué imagen tendrán de este país los tiernos y codiciados turistas extranjeros que (a pesar de los 700.000 irakíes masacrados por los países de la nueva Santa Alianza USA-UE) hacia los animales tienen una postura mucho más humana y civilizada?

Un pajarito me contó que quieren “restaurar” una huaca que está en el perímetro de la UNT. El restauro, que necesitará una considerable cantidad de plata, en realidad será una burda reconstrucción hollywoodiana (o chollywoodiana) que ningún restaurador serio aceptaría. Como expresión cultural creo que sería mucho más efectivo proporcionar a la ciudad una perrera. Hacemos algo pequeño y concreto, en vez de soltar rollos hipócritas y abstractos en costosas conferencias sobre el medio ambiente y el patrimonio cultural que comprende la fauna salvaje. “Patrimonio cultural” es también el maltrato a los animales. A propósito: en la INRENA trabajan los únicos en Trujillo que no saben que en el mercado mayorista se venden libre y descaradamente animales de la selva…

Más conozco a los hombres, más quiero a mi perro.
Abre la puerta a ese perro, cuídalo, aliméntalo y trátalo con cariño. El te dará lo que jamás ningún humano seria capaz de darte. Diógenes (
Sinope, ca. 412 adCCorinto, 323 adC)