sábado, 15 de marzo de 2008

Trujillo in the future

“Señores pasajeros, tenemos el placer de anunciarles que en breves minutos aterrizaremos en el Trujillo Futuro. La temperatura en el exterior es cálida y la amabilidad de su gente es grande. Machina Futurum, agradece su preferencia y los invita a disfrutar de esta novísima ciudad. Recuerde que por Intronet puede adquirir sus pasajes de retorno tan sólo haciendo un clic en la uña de su índice derecho. Gracias y hasta nuestra próxima aventura. Cez5998, su aeromoza de turno…” fue el mensaje que nos despertó a los pasajeros e indicó que habíamos llegado a la tierra de Vallejo, pero en un tiempo infinitamente distinto.

La temperatura en el avión era fresca, a pesar del presentimiento de un calor infernal. El actual aeródromo “Martínez de Pinillos” luce totalmente renovado: ultra moderno a diferencia del anterior. Antes de poder salir y encontrarnos cara a cara con los nuevos aires trujillanos, una manga metálica se extiende desde la portezuela del avión hasta el ingreso al Área de Arribo Nacional. En el interior, el microclima artificial es otra vez fresco y satisfactorio.

Nos ubicamos en el tercer y último nivel del aeródromo. Un mapa digital muestra que además de estos tres niveles existe un sótano. Todo armónico y bien distribuido.
El tiempo ha transformado el Terminal en una gran esfera de donde salen dos extensos y pulidos tijerales: uno al extremo del otro. Debido a que somos pasajeros nacionales, nos ha tocado conocer el sector de la izquierda. Parece extraño, pero por todas partes esta palabra ha sido conjurada y reemplazada con sinónimos, como si se tratara de una misteriosa germanía*.

Al ingresar por la última puerta, nos encontramos con una retahíla de asientos azules repletos de pasajeros con destino a distintas ciudades del interior del país: Chimbote, Chiclayo, Huaraz, e incluso Chincha. Al dirigirnos al centro del aeródromo, tomamos el ascensor panorámico y descendemos al segundo nivel. Una vez ahí, una amplia y cómoda terraza, custodiada por dos pequeños comedores de genethic food(1), nos da la bienvenida en uno de sus blancos muebles circulares (muy al estilo de 2000 Odisea en el espacio) con un atento barmarker(2) y una limonada frozen color azul. “Para nosotros, es un placer recibir a personas que vienen desde un tiempo tan lejano” nos dice el tipo ataviado de blanco platino, con la sonrisa como estampada y el rostro aplanado.

Luego del lujoso recibimiento y el breve descanso, nos dirigimos directamente al sótano. En él, un inmenso subway celeste nos aguarda lleno de personas de distintos lugares e incluso, parece, de diferentes galaxias. El interior de la colosal nave está dividido en dos columnas: cada una tiene cincuenta asientos distribuidos en pequeñas filas de cinco. Cuatros sujetos, que dicen llamarse Vincent, Astor, Frida y Omega3 son nuestros acompañantes en esta travesía. El feerguía(3), repetitiva voz creada en un cyberestudio, informa que nuestra primera parada será en La Ciudad Empresarial del Norte, a pocos kilómetros de aquí.

La Ciudad Empresarial del Norte está ubicada en El Cortijo, donde alguna vez existió la Avenida Mansiche. Sobre un perímetro plano, el colosal proyecto se impone con sus 185, 172. 470 metros cuadrados. Creada para satisfacer la necesidad de los empresarios – y de quien quiera serlo- este imperio alberga los más vanguardistas negocios. Los rabishmouse (4), por ejemplo, encargados de una meticulosa limpieza en las viviendas, se rematan cada fin de mes en la feria artesanal.

Esta gran ciudad ha generado su propio microclima como fuente de energía. La ubicación frontal hacia el occidente logró, en un principio, mantener a los transeúntes bajo una temperatura satisfactoria, gracias a los vientos costeros. Desafortunadamente, esto se ha debilitado en los últimos dos años. Ahora, sobrepasando los 40 grados, es imposible sentir la refrescante brisa marina. Contrariamente a los meses anteriores (dicen que era una bendición si se llegaba a los 10º), el calor – hoy por hoy – es insoportable y agobiador.

Debido a la ubicación de la ciudadela, es fácil contemplar aún hermosos crepúsculos, esos que la huachafería prehistórica conocía como sunsets. Además, bajo el hermoso atardecer, se muestra un plano interesante de las ruinas de Chan Chan, cada vez más antiguas, extrañas y distantes.

El diseño interior de La Ciudad Empresarial del Norte muestra un eje central desde donde se ramifican otros apéndices, como plazas, áreas comerciales, oficinas y restaurantes.
Para poder ingresar a esta exclusiva ciudadela es necesario atravesar una alameda, eje principal de este monumento. En su orilla, una imponente escultura de barro representa las olas del mar, un mar que poco a poco está invadiendo las partes vulnerables de la vieja ciudad.

En el interior de la Ciudad Empresarial, a diestra y siniestra, se imponen dos edificios. Uno es el intelligent building de la Cámara de Comercio y el otro sus oficinas administrativas. Por la misma estrada, se puede llegar al Recinto Ferial, la Zona Comercial, los restaurantes, el Centro de Convenciones, el Hotel Empresarial y la Escuela Gerencial, sobre los cuales se eleva un elegante mirador. Desde allí, se puede observar un extraño mar, cada vez más feroz e intimidante, o una gran cantidad de personas en un silencioso ir y venir. Ésta nueva generación, cada vez más callada y aislada entre sí, lleva una frustrante vida de fracciones y porcentajes, de estadísticas y fórmulas confusas, según ellos, con resultados que se manejan a la perfección.

Es casi de noche y la ciudad, a lo lejos, luce un resplandor celeste. Llegamos a Metallum (antiguamente la Avenida Pizarro) y nos damos cuenta de los verdaderos cambios futuristas. Las calles lucen lizas y extremadamente brillantes. En las veredas, hechas de fibra de vidrio, hay dos tachos de basura, uno azul y otro blanco: uno para desperdicios biodegradables y otro para productos reciclables. Hay también nuevos y extraños medidores de tiempo para autos, con una conexión para poder recargarlos. El servicio cuesta 3 virtuoros (equivalente a 3 dólares del viejo tiempo de donde venimos), debido a una imprevista baja de energía en toda la ciudad.

A la mañana siguiente, fuimos a conocer el último lugar del recorrido, el Centro Cultural de Trujillo, ubicado en lo que fue la antigua Avenida Húsares de Junín, hoy conocida como Winston Churchill. Alberga una soberbia Escuela de Arte, un pequeño anfiteatro al aire libre y una minimalista galería para exposiciones. Gareteando(5) el commonbus(6) celeste, hay que caminar luego unos cuantos metros para encontrarnos con el Anfiteatro al aire libre. En su interior, un grupo de jóvenes ensaya una especie de coreografía y canto musical, conocido como mousicallo(7): la historia de unos primitivos jóvenes que luchaban por obtener mejoras estudiantiles y sustanciales cambios de vida en sus mujeres. A estos jóvenes, extinguidos hace ya varios años, se los recuerda por el cabalístico número 68 y por lo escandalosamente rebeldes que fueron.

Frente al anfiteatro, un edificio en forma de U con ingreso en la esquina de la avenida Churchill se impone frente a nosotros. Nos informan que es el Museo de Arte Contemporáneo. El aspecto de este edificio, inspirado en las formas de las colinas, nos da la impresión de vivir en un Matrix superrecargado. La estructura vidriosa de sus paredes refleja nítidamente el silencioso paisaje exterior. Frente al Museo, hay una Escuela de Arte y una aséptica* cafetería. Los estudiantes, sentados y reposando en el fresco local, revisan de rato en rato las virtuales y transparentes imágenes de La Gioconda, La Fragua de Vulcano y Los Che Guevara y las Marilyn Monroe de Andy Warhol. Todos concentrados en sus asuntos y desinteresados de los demás. Sólo se oye, casi por compromiso, el lento y ascendente Bolero de Maurice Ravel.

Estamos de salida y el conductor nos traslada al centro de la ciudad. En la Plaza Mayor, unas cimbreantes palmeras han logrado sobrevivir a la frialdad producida por los inmensos rascacielos que impiden el ingreso de la luz solar. Atrás, mucho tiempo atrás, quedó el Servat como el vanguardista de las alturas. Ahora, gigantescos dinosaurios de acero se elevan en el horizonte latitudinal. Para absorber la fuente térmica del sol, unas inmensas rosetas magnéticas han sido incrustadas bajo la tierra. Así los invernales centrícolas, reciben un pálido consuelo a su frío secular*.

Una vez en Machina Futurum, los encargados de hacer un informe de este viaje, nos entretenemos escribiendo algunas notas recordatorias: la vida ha cambiado. Los seres muestran una fobia extrema al color rojo y han hibernado sus ideales. Los jóvenes ya no son jóvenes y los niños se volvieron adultos. El silencio de la indiferencia ha triunfado. Felizmente, luego de unas cuantas horas - luz de regreso, el avión aterriza de manera satisfactoria en el Trujillo del 2008. Bajamos. Respiramos el aire de un Trujillo entrañable que quizás esté a tiempo de escaparse de esta triste y vertiginosa surrealidad.

Glosario:

Genethic food: Neologismo. Comida transgénica altamente sintetizada.
Barmarker: Neologismo. Sujeto robotizado que atiende en el bar del futuro.
Feerguía: Neologismo. Palabra compuesta de feérico (fantástico) y guía; es decir, un guía virtual.
Rabishmouse: Neologismo. Palabra compuesta de las voces inglesas rabish (basura) y mouse (ratón), animalito metálico que devora la basura de los lugares más recónditos de las casas.
Garetear: Neologismo. Del francés gare (estacionar).
Commonbus: Neologismo. Palabra compuesta de las voces inglesas common (común) y bus.
Moussicallo: Neologismo basado en la voz francesa moussicál (musical)


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jueves, 21 de febrero de 2008

Travesía



La madrugada del 27 de enero, cerca al Pasaje Albarracín, el “Negrasho” y el “Gordo Piero” caen abatidos por la policía. Ésta, autorizada para atraparlos vivos ó, mejor aún, muertos, enfrentaron cara a cara a viejos enemigos. El primero era conocido por canibalizar autos y el segundo como extorsionador y asaltante de casas “pitucas”. Ambos proveedores de ese marginal y congestionado tenderete al que todos los trujillanos acudimos sin admitir abiertamente que lo necesitamos: Tacorita.

La travesía comienza en la Gálvez, calle que alberga a vendedores informales de papas, tomates, ropa y comida al paso. Detrás de ellos se encuentra el Mercado Mayorista. Esta vez nos tocó avanzar dos cuadras que se hicieron interminables debido al tráfago de gente y autos. Dentro del nuestro, un tico amarillo con un letrero que dice Thalía (quizá por la mexicana), el chofer sintoniza RPP. Raúl Vargas especula sobre los beneficios que obtendría Fujimori si Vladimiro y De Bari Hermoza se acogen a su derecho al silencio. Afuera, se impone la silenciosa pared de un edificio donde alguien, con letra Palmer y adornos barrocos, ha escrito: “La verdad es el único camino para la libertad”.

Pasadas las infernales cuadras y doblando a la izquierda, nos encontramos cara a cara con la extensa Avenida Los Incas. A lo lejos, se observa imponente el cerro del Porvenir. Frente a la Gonzáles Prada y a la derecha de Los Incas, un enorme letrero metálico de la Phillips atraviesa la calle de vereda a vereda. En el centro, nuevamente con letra Palmer, una frase de bienvenida nos informa que hemos llegado al Emporio Albarracín.

Recorrer sus calles y conocer sus mitos será toda una aventura. Para ello, me acompaña Manuel, un experto de la vida tacorina. Hoy está vestido con un pantalón color gris, camisa verde petróleo, zapatos y medias negras, y su clásico anillo de oro en el anular derecho. Su oficio, declara sonriendo, es ser hoy mi cicerone.

El largo pasaje se hace evidente desde las viejas “porteras”, dueñas de sus parrillas de hojalata. Estas matronas de la cocina te miran fijamente a los ojos, como escudriñándote, te dan respuestas cortantes y por lo general se llaman Vicky, Carmen, Lucy o María. En el menú, el plato favorito es el “paticucho”. El contenido de éste provocativo menjunje es una mezcla de patas de pollo (sin uñas, asegura la cheff), sal, pimienta, mucho comino y una permanente abrasada en aceite reciclado. Lejos del mimado primer puesto, una matrona regordeta, y menos creativa, vende a los ávidos transeúntes riñones bañados en una especie de “salsa inglesa”.

La tarde no puede estar mejor. El día de hoy las nubes cargadas obstruyen el paso de los insoportables rayos solares y la brisa refresca – e incluso enfría- el cuerpo de este caminante, viejo odiador del verano.

En las calles de Tacora, hay un ir y venir apresurado de personas. Algunos hombres cubren sus miradas con gafas oscuras, caminan con las manos en los bolsillos – manoseando quizá, alguna daga filuda-, muestran “adornos faciales” y tatuajes de distintos diseños (nombres, santos conocidos y aun números de serie). Algunas mujeres andan con el seno al descubierto cerca a la boca de un niño. La estrada alberga además, en una terrible congestión, a compradores, vendedores, revendedores, artesanos y curiosos. A estos últimos, los malandros tahúres los conocen con el despectivo nombre de “sapos”.

Una travesía en Tacora llega a ser extenuante, incluso mortífera. Las primeras cuadras están saturadas por pequeños puestos ambulantes. En estos, por lo general, graciosas anfitrionas ofrecen celulares y sus piezas. Más allá, técnicos electrónicos reparan artefactos de antaño, como televisores de 14 pulgadas, pantalla en forma de huevo, a tres colores y con la manija redonda para cambiar canales; incluso, aseguran dejar como nuevos: zapatos, planchas, cocinas y hasta VHS y Betamax. Jacinto Pérez, un viejo artesano de la primera cuadra del pasaje Albarracín, además de tener tatuado el número ocho en su pulgar derecho, afirma tener 60 y ser un experto en la talabartería, pues los viejos zapatos los deja listos para caminar, incluso, sobre vidrio quebrado.

Si nos adentramos un poco, ingresamos al paraíso de todo aquel que quiera ser un empresario de éxito, ahora que este espejismo está tan de moda. En esas cuadras, se encuentra literalmente de todo: picos, carretillas, hachas, martillos, autopartes, repuestos de tractores, carritos sangucheros, bicicletas, motos, nintendos, play stations, relojes, lentes oscuros, ropa, gafas para ver de cerca y de lejos, refrigeradoras, maquinaria de industria pesada, hornos para abrasar pollos e incluso, si haces pedidos previos, toda la parafernalia para un soñado restaurant.

No cabe dudas, pues, que Tacora es un zoco de compra y venta de cosas inservibles pero que, de un momento a otro, pueden volverse necesarias. Los vendedores, con recelo y cuidado, ocupan sus puestos desde tempranas horas de la mañana, concluyendo su jornada al anochecer. Los más “moscas” han construido un edificio de dos pisos. En el, la primera planta primero, es distribuida para baños públicos y un comedor con apetecibles platos típicos: hoy, por ejemplo, se ofrece mondonguito acompañado de un vaso de maracuyá, como refresco, y un plátano de la isla como postre. El segundo nivel es compartido por dos grupos de pequeños empresarios: uno de estos, el de Víctor Meléndes, tiene tres mesas de billar en las que se cobra un sol por una hora de juego. El otro, es el taller de una pareja que ofrece simpáticos objetos tallados en madera. En su diminuto mostrador, sonriente, se exhibe la mandíbula de un pequeño tiburón. Rosita, la esposa del dueño, cuenta que su marido lo ganó en un viaje a Sullana, el 98. En esa época, debido a la Corriente del Niño, era casi normal que el mar norteño arrojara extraños especimenes dignos de colección, como éste.

Los vendedores, al igual que los objetos de su mercadería, tienen historias singulares. Se cuenta que allí es posible encontrar ceramios y hermosas chaquiras que alguna vez adornaron a un poderoso emperador. Otros afirman que los estudiantes de medicina pueden encontrar cráneos de todo tamaño y grosor, de niño, de adulto, de hombre o de mujer. Sin embargo, ninguna historia es tan interesante como la de quienes trabajan en la cuadra 10 de Balboa. Aquí, los expertos en autopartes alardean tanto de su eficacia, que dicen ser capaces de encontrar la pieza, el repuesto, el motor e incluso la placa original de cualquier marca de carro. Todo consiste en “datear caleta” el sitio donde los pueden “encontrar”. Así, en menos de 24 horas, si es que tienes los mangos suficientes en el bolsillo, puedes recuperar el espejo de tu Ford, tu equipo Sony, la placa de tu Wolswagen y hasta transformar a tu Tico en un elegante Peugeut.

Aquí, en Albarracín, los protagonistas de estos bulliciosos negocios alguna vez pasaron por El Milagro. Son los llamados “Taytas”, amigos de los “Burros” “Choros” ó “Pirañas”. Pertenecientes a esa fauna, cada tarde estos personajes son las estrellas al encabezar, con diversas proezas, los titulares de El Satélite.


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jueves, 24 de enero de 2008

El feudalismo del siglo XXI



El que no es socialista a los veinte no tiene corazón, y el que lo sigue siendo a los treinta no tiene cerebro: sostuvo Winston Churchill, político de la Inglaterra industrial, y hace poco lo ha repetido Diego De la Torre, como Presidente de la 45 Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE 2007).

En esta última CADE, un reducido grupo de empresarios se reunió para hacer un balance de la situación económica del país y decidir su futuro. Los ejecutivos alegaron satisfechos que en el Perú se proyecta una economía tan fantástica que dentro de veinte o treinta años podrá compararse con la de España, Inglaterra o Portugal. Para ello, según su punto de vista, debemos actuar con el cerebro y no con el corazón; es decir, el Perú debe suscribirse al espíritu neoliberal que caracteriza al mundo moderno.

Entre los expositores estuvo el propio Presidente de la República, Alan García Pérez. En su discurso, García recalcó que el Perú se ha convertido en un verdadero paraíso para la inversión privada, gracias a la bonanza económica que hoy lo caracteriza. Habló de sus proyecciones respecto a una mayor exportación de petróleo (se asegura que en dos años los diecinueve contratos de exportación duplicarán sus cifras), sin importarle los efectos medioambientales que esto pudiera traer. Recalcó el tema lanzando la “primicia” de que para el 2011 dos petroquímicas, valorizadas en cien millones de dólares, invertirán en el país y generarán más trabajo. De invertir ahora, sostuvo, dentro de quince años las empresas triplicarán sus ganancias, por lo que éste es el momento para darlo todo por el país, económicamente hablando.

El Perú avanza, fue la frase con la que terminó cada una de sus ideas el Presidente García. Entre otras cosas, advirtió que el tan maléfico pesimismo de los seudosocialistas (¿?), quienes afirman que cada día estamos peor, sería la razón para proyectar un futuro fatalista y negativo para el país. ¿De qué podemos quejarnos si en los últimos diecisiete años la desnutrición infantil ha disminuido en un 15%? ¿Cómo los seudosindicalistas (otra palabra del diccionario Garciano) se atreven a quejarse, si ahora más muchachos del “pueblo” pueden ser profesionales de éxito graduados en escuelas y universidades? ¿Cómo se nos ocurre pensar que el Perú está condenado a ser conquistado por un nuevo Pizarro, si ahora somos un nuevo centro de inversiones en el mundo?

Es obvio que éstas sólo son preguntas retóricas. Aceptar que hemos errado y que no tenemos ninguna razón para protestar sería, según él, lo correcto. Sin embargo, el Presidente no ha considerado que hoy por hoy más de la cuarta parte de los peruanos se encuentra en un estado de desnutrición crónica (razón no de vergüenza sino de acción), que casi el cincuenta por ciento de habitantes carece de agua potable, luz, pistas, casas y en algunos casos un suelo donde vivir (aún cuando sean “cultos” ciudadanos recibidos en las universidades del país) ni que el noventa por ciento de obreros y campesinos trabaja sin contratos, salario digno, seguro social, respeto a sus ocho horas de trabajo y otras prerrogativas que les corresponden como trabajadores. Sin duda, el presidente recurre a la estadística maquillada para crear una realidad socio- económica abstracta que de ninguna manera corresponde a la realidad fáctica. Ghandi afirmaba, con ironía, que si alguien atraviesa un río cuya profundidad es de un metro cincuenta, puede morir ahogado. Valdría la pena que el Presidente García tenga en cuenta esta gran verdad.

El Perú avanza, pero… ¿quiénes son los beneficiados? No pretendo ser seudosocialista, fatalista, pesimista, comunista o terrorista -adjetivos que, desgraciadamente, solemos entender como sinónimos-. Sin embargo, considero que el Perú no avanzará hasta que tenga definidas sus clases sociales.
Es falsa la idea que sustenta el señor García: las empresas están llamadas a dar limosnas a sus trabajadores. En el mundo “formal-laboral”, los empresarios tendrán siempre distintas necesidades y aspiraciones que los obreros. Por lo tanto, aquéllos jamás darán a éstos un centavo por caridad, pues eso no corresponde a su naturaleza. En el mundo formal y laboral de la Europa burguesa del ochocientos, sin llegar a la alienación, el cambio beneficioso que hubo fue porque los obreros exigieron sus derechos y el sistema, a costa de ajustes, tuvo que aceptarlos. El empresario no tiene por qué manejar el sistema socio - económico del país como si éste fuera su hacienda y él el capataz. El país debe ser manejado por normas y leyes que satisfagan de manera homogénea las necesidades de las diversas clases sociales. La alternativa más importante para que el Perú verdadermente avance está en la consolidación del Estado; en la asunción de los roles proteccionistas que le corresponden y no en las desaforadas inversiones.

Ochenta años atrás, Mariategui había identificado al Perú como una sociedad semi - feudal. En la actualidad, las cosas no han cambiado mucho. Nuestra falsa burguesía tiene mentalidad de hacienda y está dispuesta a beneficiarse sin importarle su país, la identificación con su gente y la materia prima que existe en ella. Ante esta problemática, Mariategui, muy lúcidamente, propuso convertir a la burguesía semi - feudal en una burguesía orgánica. Esta burguesía orgánica tendría como punto de partida su integración a una sociedad donde la producción y las ganancias estarían en función del bienestar nacional.

Una burguesía con mentalidad de hacienda nos estancará de peor manera que los negativos comentarios de los "pesimistas" o las rebeliones de los "seudosindicatos". La CADE no es negativa en sí misma. Lo que la hace negativa es su carácter excluyente. El Estado, debería promover también una Conferencia Anual de Campesinos, una de Obreros y una de Artesanos, en las que participen con su beligerancia como sindicatos. Su concepto ha sido malinterpretada y manoseada de tal manera que lo asociamos con el terrorismo y los lamentos. Por ello, los sindicalistas deben concebirse como una agrupación de productores, con todo lo que esto significa en términos de desarrollo técnico e integración socio - económica.

El hombre es un ser que busca alcanzar su individualidad, pero paradójicamente no puede lograrlo sin integrarse al grupo social. Las sociedades avanzan cuando sus clases sociales están bien definidas, se identifican con su entorno, exigen sus derechos y cumplen con sus obligaciones. De no haberlas, la idea de un empresariado paternalista nos invadirá a tal punto, que estarmos convencidos de que la mejor solución es la modernización de la esclavitud.

jueves, 22 de noviembre de 2007

En el corazón de las estatuas

Gracias a la última decisión de nuestro persuasivo alcalde, ahora podemos caminar “tranquilos” por Pizarro, Gamarra, Recreo y la avenida España sin tener que torear a los enfurecidos taxis. En estas andanzas, ¿no ha visto usted a unos jóvenes haciendo de estatuas vivientes y rodeados de un público estupefacto?, ¿a unos insólitos seres que desafían el inherente movimiento propio del hombre, quedándose rígidos por un lapsus asombrante?

En estas líneas, descubriremos a los autores de semejante proeza, quienes tras varias capas de maquillaje, nos revelan un corazón alegre y divertido que busca cambiar el entorno en el que viven y la sociedad a la que pertenecen.

Una de las obsesiones del hombre ha sido siempre crear una máquina con movimiento perpetuo, quizá para conjurar su temor a la muerte, sinónimo de rigidez total. No ha podido lograrlo. Y tal vez por ello intenta ahora conseguir la quietud temporal. Una de estas alternativas lúdicas es el arte del estatuismo.

El estatuismo consiste en mantenerse inmóvil para atrapar el asombro de los observadores. Data de tiempos remotos: lo usaron los pintores renacentistas y los costureros de la edad media en distintos modelos vivos. Los unos para captar con precisión la anatomía humana y los otros para exhibir con realismo sus inventos sastreriles. Hoy, es una manifestación artística en diversas metrópolis y aun en pequeñas ciudades del mundo entero.

Herbart Bartra Valdivieso y Lucio Gallo Rosillo son dos jóvenes que se dedican a este oficio en la ciudad de Trujillo. Cuentan que llegaron en el 2006 por diversas circunstancias. Herbart es un bohemio de veintitrés años, natural de Tarapoto y confiesa ser un apasionado del arte y las mujeres. Después de remolonear y probar muchos oficios, él afirma haber “visto la luz” en su vocación teatral. Lucio es natural de Piura, tres años menor que Bartra y desde los quince estuvo seguro de que su vida estaba destinada al teatro. Dos muchachos que hoy en día comparten el arte y la fantasía del escenario.

Hacer una estatua humana –confiesan- demanda un ritual en el que la concentración y la disciplina son los elementos principales. Algo así como arribar físicamente al estado de sartori. El secreto para ello es la creación de histriones sumergidos en un profundo sentido del juego, en el que su creatividad y talento se hacen evidentes. “Comencé a jugar con el maquillaje para crear personajes que luego probaría en el escenario; trato de interactuar con los niños, los adultos y las chicas, haciendo desde el diablico que impresiona con su silbato, hasta el ya conocido mimo”, explica Herbart.

Cuando ambos se iniciaron en esta profesión trataban de permanecer inmóviles la mayor cantidad de tiempo posible. Pero con la práctica y la experiencia adquirida, se percataron de que no era necesario ser tan estrictos con ellos mismos. Incorporaron entonces algunos movimientos en sus actuaciones. Para Lucio, la selección de sus personajes es minuciosa. Y como su especialidad son los niños, escoge con mucho cuidado sus vestimentas y el estilo de maquillaje, a fin de impresionarlos de manera divertida.

Ellos están convencidos de que el artista no necesariamente es un fracasado económico, ya que ganar cien o doscientos soles en una buena tarde, es la evidencia de que la persona que no sale adelante simplemente es porque no quiere: “La vida de un artista suele ser difícil, pero es a la vez muy emocionante y siempre encuentras una oportunidad”.

La aceptación de la gente que día a día fatiga las calles trujillanas ha sido tan satisfactoria que Lucio y Herbart buscan nuevas formas de sorprender a sus admiradores. Sin embargo, en contraste con esta grata situación, la policía y las autoridades, catalogándolos de ambulantes e invasores de áreas privadas, los desalojan y hasta los persiguen con furiosos mastines. Resulta pusilánime que quienes deberían propiciar el arte son más bien los principales causantes de su marginación. Lucio refiere que obtener un permiso municipal es como jugar a un ping-pong siniestro, por los engorrosos y agobiantes pasos que exige la burocracia.

Hoy por hoy el Perú está sufriendo una actitud individualista que trae como consecuencia el divorcio de la gente con el arte. En los últimos años, los jóvenes de la zero generation han vaciado sus cerebros de conocimientos y apreciaciones, creyendo firmemente que la adquisición de los aparatos tecnológicos generados por el consumismo los hace mejores o, quizá, más bellos. La pequeña burguesía peruana ha aceptado el estilo miaminence de manera pasiva y, está tan convencida de los cánones que ésta ha impuesto, que ahora hablar de arte es referirnos a celulares, carros, fama o Disneyland.

Para estos jóvenes artistas, el Perú está lleno de aceptables teatros, así como de talentosos artistas; no obstante el elemento más importante en esta pócima mágica escasea a grandes escalas: un público cada vez más amplio y plural. Las nuevas generaciones han sido vergonzosamente ahogadas por la ola regetonera que trae consigo actitudes alienantes. Vivimos en una burbuja que nos aísla de nuestra realidad, nuestro entorno y, sobre todo, de nuestra gente. Soñamos con puestos que nos califiquen de profesionales de éxito y estamos tan sedados con esta utopía, que no somos capaces de percibir el día a día del resto de la gente.

Lucio y Herbart están convencidos de que cuando nuestra pequeña clase dominante despierte del shock neoliberalista, su actitud de aislamiento con respecto al arte desaparecerá.

Pese a estas limitaciones, Lucio Gallo y Herbart Bartra, al igual que muchos artistas de la estrada, buscan aportar a su país una cultura y un arte que generen cambios en la sociedad. El primero, combate la idea del centralismo limeño y propugna una integración rica en variedad cultural y en posibilidades de desarrollo. Bartra aspira a ser director de cine y así promocionar el talento de sus paisanos. Ambos sueñan con regresar algún día a sus pueblos de origen y mejorar la situación en la que éstos se encuentran.

Bohemios y trotamundos, lo ponen todo en cada una de sus actuaciones. Tras una laboriosa tarde en las calles, se someten al bajo mundo de las luces artificiales. Sentados en una taberna y en medio de una “chata” de ron, se abstraen en un pensamiento futurista. Están ancianos y esta vez son espectadores su propia vida.
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viernes, 26 de octubre de 2007

Los gitanos de la cultura

“Encender la imaginación y apagar el televisor”: requisito indispensable para poder ver al Tetulojote. Pero…¿Qué es el Tetulojote? Es un ave blanca, patilarga y chillona que emerge sólo si abrimos nuestro corazón y dejamos aflorar al niño que llevamos dentro. Este ser, que en el transcurso de su presentación empolla un Tetulojotito, forma parte del teatro de títeres de dos chilenos: Sergio Herkovitz y Elena Zúñiga, quienes entre broma y broma nos ofrecen una lección de humildad, respeto y tolerancia.

Sergio y Elena son una singular pareja que optó por el autoexilio para dar a conocer su espectáculo a toda América Latina. Él, un hombre de metro ochenta, rostro color del tomate maduro y barba guerrillera, se caracteriza por montar sus obras en menos de quince segundos. Ella, una típica mapochita, más pequeña que su marido, peinada con corte hongo, cabello plateado y tierna mirada, contradice a Sergio en todo momento como ocurre en el día a día de cualquier matrimonio. Son unos viejos de corazón joven que plasman los sueños de los niños y reviven la imaginación de los adultos.

Los Herkovitz – Zúñiga además de talentosos, poseen una larga trayectoria como titiriteros y refieren que sus primeras presentaciones estuvieron dirigidas a los niños, allá por los años setenta. Tras el golpe de Estado dado por Pinochet, en 1973, se vieron obligados a cancelar su trabajo como guionistas en la televisión, pues Chile vivía una situación dramática en la que los más afectados eran los.artistas. En los años ochenta, después de su divorcio con la televisión, decidieron darle un nuevo enfoque a su trabajo, generando sentimientos de cambio en su país, y tras varias noches de espectáculos clandestinos, reafirmaron sus objetivos con tanta vehemencia que en los años noventa se convirtieron en nómades del Tercer Mundo.

A partir de ese momento, la dupla chilena decidió utilizar los títeres para transmitir sus mensajes desmitificadores. La televisión los vetó y sus presentaciones fueron catalogadas como “de contenido sólo para adultos”: “El problema de la TV– nos cuentan- es que exige programas destinados para niños con minusvalía mental, idiotizando a los televidentes”. Pese a estos inconvenientes, el pueblo chileno y luego el latinoamericano conocieron y se encariñaron con cada personaje del repertorio. Uno sus secretos es que nunca se desligaron de su mejor medio de expresión: las marionetas.
“La razón por la que escogimos los títeres –agregan- es porque son un instrumento de comunicación completo, pues involucran a la mayoría de las artes: pintura, costura, diseño, redacción, música y teatro. Además, en cada escena, adquieren vida propia y dicen todo aquello que muchas veces los humanos no nos atrevemos a decir en la vida real”.

Su compañía se llama “Los Payasíteres”. Sus creadores consideran que la labor de todo artista es equilibrar al individuo con su entorno, en especial a los jóvenes, quienes viven en la soledad y el aislamiento del mundo moderno: “Escogemos temas comunes –nos cuenta Sergio – porque la gente de tanto vivirlos suele pasarlos por alto. Sin embargo, el artista no debe ser ajeno a ellos. Por el contrario, debe revelarlos y plasmarlos en cada una de sus obras”. A partir de este sentimiento, han creado una troupe de títeres que representan personajes discriminados por la sociedad. Dentro de este repertorio, está Rosa Mela (que no es igual a rózamela), una despampanante vedette que se gana la vida contando y cantando el triangulo amoroso que vive con Sergio y Elena. Esta escena, previa a una candente actuación nudista, muestra a una Rossy atrapada por el contexto en que le ha tocado vivir. Sin embargo, Rossy es una muchacha que le pone mucho sentimiento e interés a su trabajo, dando lo mejor de ella en cada una de sus perfomances.

Otro singular personaje es Vergarín Vergara, “la testosterona hecha muñeco”. Vergara es un stripper que basa su autoestima en los excesivos atributos fálicos que el costurero le dio. Es la personificación del Machomán que cada mujer alguna vez soñó, el “gran varón” escondido en una abrumadora musculatura y una falsa cabellera. En definitiva Vergarín Vergara es el personaje que en algún momento cada hombre soñó ser.

El tercer personaje es Jean Pierre Machuca, conocido cariñosamente como JeanPi. Es un muchacho salido del closet que escogió ser sincero a toda costa, asumiendo valientemente las consecuencias que provocaría su presentación en público. JeanPi, que al principio susurra con timidez la canción Querida, de su “camarada” Juan Gabriel, comparte abiertamente su orientación sexual con los espectadores, y luego de unas cuantas estrofas se siente seguro para desenvolverse como en realidad lo tenía previsto: desenfadado y sin temores.

Sergio y Elena manifiestan que la razón por la que escogieron estos personajes (por lo general blanco de burlas), es porque simbolizan la actual situación del pueblo latinoamericano: discriminación, hambre y pobreza. Sus puestas en escena son un sarcasmo que tiene como finalidad sensibilizar a los jóvenes e interiorizar en ellos los valores de integración y tolerancia. Afirman que si bien uno de los objetivos es provocar la hilaridad a través de sus personajes, también es cierto que su deseo último es integrar la comprensión del espectador con lo que la marioneta representa.

No hay duda. Los Herkovitz –Zúñiga son una dupla completa. Aventureros, talentosos impugnadores, se han propuesto generar un cambio en la juventud latinoamericana. Un cambio que los una en el afecto, obstruyendo el condenable individualismo que impera en este llamado mundo de la posmodernidad.




Publicado en Día 30

Sentimientos y sentimentalismo




Es una pena que los peruanos se estimen tan poco y se sientan tan inferiores como para hacer una guerra en nombre de la peor gaseosa del mundo: la Inca Kola (perdón, o la segunda peor, pues la primera es Kola Real).

Nadie tiene claro por qué los peruanos odiamos a muerte a los chilenos: si es por la rabia de sentirlos más astutos que nosotros (puesto que les va mejor con el neoliberalismo), si es porque son mejores futbolistas o porque Arica se resiste a tener el mismo destino histórico que Tacna.

A propósito de esto, es alarmante el terrorismo sicológico que generamos ahora contra el país del sur. Al final, ¿quién nos "arrebató" nuestra amada Inca Kola? ¿Fue todo Chile, algunos chilenos o alguna transnacional norteamericana que ha hecho un gran negocio con poderosos empresarios peruanos y chilenos? Decepciona saber que los peruanos nos hallamos “norteamericanizado” a tal punto que hemos hecho parte constitutiva de nosotros marcas fabricadas por su mercadotecnia actual. Es más decepcionante aún que la gente se identifique con un producto “estrella” más que con su propia realidad y se ocupe de problemas francamente banales. Total, si la Inca Kola es del Perú o de Chile, al final los únicos beneficiados serán los grandes empresarios peruanos y chilenos. Los peruanos y chilenos de a pie seguirán excluidos.



Los peruanos debemos entender que la solidaridad con el individuo no consiste en consumir ciertos productos, en amar o no a un país (pues no se puede amar un pedazo de tierra y menos a 26 millones de desconocidos) o en proclamarse peruano o chileno. La gente mejora a través de acciones positivas y no de sentimientos negativos como el odio y el resentimiento. Los peruanos y los chilenos deberíamos olvidar la idea de hacer la guerra por “la patria”: idea común entre las conquistas sangrientas y las dictaduras tipo Mussolini, Hitler y Bush. Estos sentimientos primitivos son propios de sociedades idiotizadas por creencias absurdas y sedantes. O como diría Chomsky, propios del “rebaño democrático”.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Apocalipsis juvenil



¿Cómo arribamos acá?
Cabellera pintada y vida de haragán.
¿Cómo llegamos aquí?
Una rutina diaria y sin filosofía en ti.
Siempre que miro atrás:Tortícolis; no quisiera voltear.
Sin dinero, no escaparé de aquí.
Sin un tesoro invisible, no podrías partir.
Estoy adolorido, me han mutilado.
Y miro triste: ninguna prótesis me habrá curado.
Mi cerebro, mi gran fuente, está yermo y no sé qué hacer.
Tú cerebro está rígido, te volviste a exceder.